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¿Existe el Antropoceno?

Los expertos debaten si la huella que estamos dejando en los sedimentos de la Tierra reúne las condiciones para definir una nueva época geológica.

Playa cementada en la costa cantábrica formada por escorias de hierro y tecnofósiles de plástico. [CORTESÍA DE ALEJANDRO CEARRETA]

Las fuerzas geológicas de nuestro planeta operan a tan gran escala y largo plazo que, hasta ahora, cualquier huella que los humanos hubieran dejado en él se había considerado insignificante. Sin embargo, desde hace varias décadas el impacto de nuestra actividad ha sido tan fuerte que se ha empleado el término Antropoceno para designar una nueva época [véase «Una historia estratificada», por Jan Zalasiewicz; Investigación y Ciencia, noviembre de 2016]. Pero ¿estamos realmente escribiendo un nuevo capítulo en la historia geológica? ¿Qué señales estamos dejando en los estratos? Desde el año 2009, el Grupo de Trabajo sobre el Antropoceno de la Comisión Internacional de Estratigrafía, constituido por 35 geocientíficos de todo el mundo y del que formo parte, está evaluando está cuestión.

Una de las señales que se observan en los sedimentos son los materiales dispersados por el planeta desde los años 50 del siglo pasado, como los plásticos. Hoy, el 10 por ciento de la producción anual de hidrocarburos se destina a fabricar los plásticos que usamos en todos los ámbitos de nuestra vida (300 millones de toneladas). El 60 por ciento de los producidos en las últimas décadas (3000 millones de toneladas) han sido ya depositados en vertederos o liberados al ambiente.

Otras señales corresponden a los numerosos artefactos que construimos, en una gran variedad de formas, con materiales que escasean o no existen en la naturaleza y que podrían mostrar una gran durabilidad geológica. Ejemplos de ellos serían una muñeca hecha de plástico ABS y PVC, o un sofisticado teléfono móvil elaborado con plástico, vidrio y varios metales. Estos posibles tecnofósiles del futuro constituyen un registro físico de nuestra creciente capacidad tecnológica y tienen unas características que los diferenciarían de otros fósiles.

De modo equiparable a la clasificación biológica, podría realizarse una taxonomía de los posibles tecnofósiles desarrollados desde mediados del siglo XX. Algunos taxones genéricos serían precisamente las muñecas o los teléfonos, los cuales incluirían diferentes modelos que podríamos considerar «especies». Una «especie» de muñeca sería Barbie, comercializada por primera vez en 1959 y de la que se han vendido ya más de 1000 millones de unidades. Asimismo, una «especie» de teléfono sería el más reciente iPhone, que está disponible desde 2007 y cuenta con 1300 millones de unidades vendidas.

La diversidad total de los tecnofósiles podría estimarse del mismo modo con el que la paleontología mide la diversidad de los fósiles orgánicos o la biología calcula la biodiversidad actual, es decir, registrando el número de «especies» que existen en un momento dado. La diversidad de los posibles tecnofósiles sobrepasa la biodiversidad actual y podría equipararse a la diversidad paleontológica que ha existido en la Tierra durante toda su historia geológica. Además, su velocidad de evolución supera la de los cambios físicos que experimentan por selección natural las especies biológicas. Ello proporcionará a los tecnofósiles una resolución estratigráfica muy superior a la de los taxones fósiles de origen biótico, que ha sido el medio más común para datar las rocas del pasado.

Podemos hablar también de tecnosfera, el sistema global que incluye a los humanos y sus redes tecnológicas, un sistema geológicamente muy joven que se une a las cuatro esferas clásicas (atmósfera, hidrosfera, litosfera y biosfera). Cada una de ellas depende de los recursos y servicios que aportan las demás. Sin embargo, la tecnosfera está perjudicando a las otras debido a su creciente demanda de materias primas y al insuficiente reciclaje de sus desechos.

El Antropoceno se inicia con el aumento exponencial en la magnitud, la velocidad y la conectividad de las actividades humanas y de sus impactos, a mediados del siglo XX. Otras etapas históricas sugeridas para su posible comienzo (la Revolución Neolítica, la colonización de América o la Revolución Industrial) no muestran los requisitos de globalidad y sincronicidad planetaria necesarios para definir un tiempo geológico.

Algunos miembros de la comunidad geológica han criticado el concepto de Antropoceno y lo han considerado como una suerte de agenda política disfrazada de época geológica. La tarea de nuestro grupo de trabajo se limita a evaluar el cambio de paradigma geológico que suponen las recientes transformaciones humanas, y esperamos presentar el informe final en los próximos tres años. La relevancia social más amplia que ha adquirido el concepto, a causa de la mayor concienciación actual sobre los daños irreversibles ocasionados por nuestro consumo excesivo de recursos naturales, se halla más allá de nuestra labor.

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