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1 de Febrero de 2015
Medicina

El endotelio, un órgano clave

El tejido que tapiza el interior de venas y arterias desempeña tantas funciones básicas que su daño puede perjudicar gravemente la salud. Conocer las marcas moleculares de esta alteración facilitaría la prevención y el tratamiento de numerosas enfermedades.

De las arterias a los capilares, el endotelio recubre todo el sistema vascular, donde desempeña un gran número de funciones básicas. [THINKSTOCK/SEBASTIAN KAULITZKI]

En síntesis

El endotelio es nuestro órgano de mayor tamaño. Lo conforman miles de millones de células que recubren el interior de venas, arterias y capilares. Contiene la sangre, modula el tono vascular, regula el paso de células y fluidos hacia los tejidos, controla la coagulación sanguínea y participa en la generación de nuevos vasos.

Al desempeñar tantas funciones, está implicado en numerosas enfermedades. Ello le confiere un gran potencial como diana farmacológica. Sin embargo, la dificultad para valorar el daño endotelial hace que el conocimiento adquirido en el laboratorio tarde en trasladarse a la práctica médica.

Nuevos estudios sobre las alteraciones que presenta este órgano en diversas patologías permiten avanzar en la búsqueda de marcadores moleculares que faciliten el diagnóstico del daño endotelial y, por tanto, su prevención y tratamiento.

Aunque nuestra salud depende en gran medida de su correcto funcionamiento, estamos convencidos de que usted, estimado lector, no ha oído hablar de él. Nos referimos al órgano más grande del cuerpo humano. Aquel que, si pudiera extenderse, cubriría la superficie de un campo de fútbol reglamentario: entre 4000 y 7000 metros cuadrados. Su peso no es menos impresionante: alrededor de un kilogramo, casi como nuestro cerebro. Y se halla implicado, si no en todas, en la mayoría de las enfermedades que podemos sufrir a lo largo de la vida. Se trata del endotelio, el conjunto de células que recubren por dentro todas y cada una de nuestras venas, arterias y capilares; con más de diez billones de ellas, llega a todos los rincones del cuerpo.

Las células endoteliales forman una monocapa que tapiza todo el sistema vascular. Se caracterizan por una morfología alargada (unos 30 micrómetros de largo, 12 de ancho y 0,3 de alto) y una polaridad apical-basal (arriba-abajo), que se traduce en una distribución asimétrica de sus funciones. Ello les permite secretar distintas proteínas y mediadores químicos hacia la matriz extracelular (exterior de los vasos) y hacia el torrente sanguíneo (interior de los vasos).

Hasta hace poco, se pensaba que ese extenso tejido tenía un único cometido: contener la sangre, es decir, evitar que el preciado fluido se derramara. Ahora, en cambio, el endotelio se postula como un órgano con un gran número de funciones y, por tanto, con un enorme potencial como diana farmacológica en numerosas enfermedades.

No obstante, existe todavía una gran brecha entre los descubrimientos realizados en el laboratorio y sus aplicaciones médicas. En parte, ello se debe a que el endotelio es un órgano de difícil acceso. No puede estudiarse mediante las técnicas tradicionales (no puede auscultarse, ni palparse, ni inspeccionarse) ni se conocen todavía marcadores moleculares que permitan valorar su estado a partir de un análisis de sangre. Otro de los factores que dificultan el desarrollo clínico de los hallazgos científicos corresponde a la heterogeneidad y variabilidad de este órgano: cada una de las células endoteliales tiene su propia identidad, y sus características cambian en el espacio y el tiempo, y en la salud y en la enfermedad.

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