CORTESÍA DE NIROOT PUTTAPIPAT

Pobre hadrosaurio. El dinosaurio con pico de pato carecía de cornamenta, coraza o colmillos que esgrimir contra el acoso de Tyrannosaurus rex. Demasiado voluminoso para trepar a un árbol o buscar refugio bajo tierra, era, para colmo de males, lento. Pero por suerte, la anatomía de sus extremidades traseras y de los músculos de la cola pudo servirle para huir de las enormes fauces del tiranosaurio.

T. rex ganaba en el esprín, pero el hadrosaurio lo dejaba atrás en las distancias largas, explica el paleontólogo W. Scott Persons en un estudio sobre los músculos caudofemorales de los dinosaurios, publicado el pasado noviembre por Indiana University Press. El caudofemoral izquierdo y derecho de los dinosaurios terópodos eran grandes músculos caudales anclados a los huesos superiores de la extremidad. Su contracción balanceaba la extremidad posterior hacia atrás, impulsando al dinosaurio hacia delante. Las impresiones fósiles de T. rex demuestran que tales músculos estaban fijados al fémur cerca de la cavidad donde se inserta la cabeza de este hueso en la cadera (acetábulo). Según Persons, la extrapolación a partir de modelos informáticos en 3D de reptiles actuales indica que la distancia física que el músculo cubría para contraerse y mover así la extremidad a lo largo de un arco simple era sumamente corta. Las contracciones cortas permitían al T. rex dar zancadas rápidas y largas.

En cambio, el músculo caudofemoral del hadrosaurio, de tamaño similar, estaba insertado en un punto mucho más bajo del fémur, con lo que las contracciones musculares eran considerablemente más largas, lo que se traducía en zancadas más cortas y lentas. Ello le situaba en desventaja respecto al T. rex.

En una carrera prolongada, empero, el resultado había de ser diferente. La cercanía del músculo caudofemoral de T. rex a la cabeza del fémur significa que el carnívoro debía hacer un gran esfuerzo para desplazar la extremidad y se cansaba pronto (imaginemos la fuerza que se necesitaría para abrir y cerrar una puerta si el pomo estuviese situado a escasos diez centímetros de la bisagra). En el hadrosaurio, la mayor fuerza de palanca y las contracciones musculares más pausadas le permitían correr una gran distancia sin tanta fatiga.

En definitiva, la única posibilidad de T. rex para cazar un hadrosaurio era caer sobre él por sorpresa, destaca Persons. Pero si lo comparamos con los grandes y ágiles felinos, que pueden tender emboscadas ocultos entre los herbazales altos, la talla de T. rex delataba su presencia con facilidad. Con una ventaja de partida y su anatomía de fondista, el dinosaurio de pico de pato podía poner tierra de por medio.

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