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1 de Febrero de 2015
Inmunología

La ilusión de la inmunidad

Los modelos matemáticos de la respuesta inmunitaria sugieren que nuestras defensas cometen errores a la hora de reconocer las sutiles mutaciones del virus de la gripe.

ANNA PARINI

En síntesis

Cuando superamos infecciones causadas por virus, como el sarampión, quedamos inmunizados de por vida contra la enfermedad.

Pero en la gripe la situación es distinta porque el virus cambia levemente de un año a otro, lo que pone en jaque a las defensas del organismo.

Algunos estudios indican que las primeras cepas gripales que afectan a las personas en la infancia limitan la capacidad para combatir otras cepas en el futuro.

Esta curiosa reacción inmunitaria, bautizada como «el pecado original antigénico», ha sido verificada ahora mediante modelos matemáticos.

Las enfermedades infecciosas no tratan con tibieza a los niños. En la escuela pasan el día inmersos en un hervidero de virus y bacterias, carentes del arsenal defensivo que sus padres han tardado toda la vida en componer. Visto así, ser adulto compensa cuando hablamos de muchas infecciones, desde la varicela hasta el sarampión.

Pero la gripe es otro cantar. Los análisis de la pandemia de 2009 han demostrado que la inmunidad generada contra los virus estacionales ordinarios tiende a ser máxima en los niños pequeños, desciende en los adultos de mediana edad y vuelve a repuntar en los ancianos. Los adultos habrán estado más expuestos a la gripe a lo largo de su vida, pero, a excepción de los mayores, de algún modo acaban mostrando una respuesta inmunitaria más débil.

Esa curiosa observación llevó a los biólogos a preguntarse por las causas. Conocer los entresijos de la infección gripal dista de ser sencillo, pero hemos hallado algunas pistas con la ayuda de modelos matemáticos que simulan el sistema inmunitario. Tales modelos permiten explorar de qué modo influye el contacto con el virus en el pasado sobre la respuesta inmunitaria contra las nuevas infecciones; además, muestran la evolución del grado de protección con la edad. Al conjugar estas técnicas con los datos observados estamos comenzando a conocer los mecanismos que generan inmunidad contra la gripe. El trabajo ofrece nuevos indicios de una hipótesis peculiar, propuesta por primera vez hace más de medio siglo. Conocida como «el pecado original antigénico», esta explica por qué la respuesta del organismo a dicha enfermedad se orienta hacia los virus contraídos en la infancia. Los resultados nos están ayudando a entender el motivo de que algunas poblaciones sufrieran estragos con pasados brotes y quizás nos permitan predecir la reacción de diversos colectivos a los brotes del futuro.

Un modelo epidemiológico
Hasta la fecha, la mayoría de los modelos matemáticos de la inmunidad han dejado de lado la reacción del organismo contra el virus de la gripe a causa de la gran variabilidad de este patógeno. En su lugar, se han centrado en la respuesta contra virus como el del sarampión, que varían muy poco con el tiempo y propician una inmunidad permanente. Una vez que los individuos superan esta enfermedad o son vacunados contra ella, el sistema inmunitario reconoce con rapidez las proteínas de la superficie del virus, fabrica anticuerpos contra estas y neutraliza cualquier nuevo intruso que las presente. (Las proteínas de la superficie del virus se denominan antígenos, acrónimo del inglés antibody generator, «generador de anticuerpos»).

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