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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 2015Nº 461
Taller y laboratorio

Metalurgia

Microsiderurgia

Obtener hierro a partir de sus minerales es una tarea realmente difícil; de ahí que se hable de la barrera, o muro, del hierro. Por suerte, varios siglos de experimentación metalúrgica han superado los obstáculos técnicos.

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El hierro, así como sus derivados (acero, aceros especiales, entre ellos los inoxidables), es el metal estrella de nuestra civilización. Lógico. Es abundante, tenaz y puede experimentar todo tipo de transformaciones. Además, es barato: podemos comprar hierro por un euro el kilo. Y precisamente por su aparente baratura, este extraordinario elemento tiene hoy fama de vulgar y ordinario. Que el hierro se haya convertido en un metal tan popular y accesible se debe en parte a la industria siderúrgica, que en estos últimos dos siglos lo ha fabricado a un precio casi irrisorio. Una industria potentísima con un gran componente científico-técnico que ha dado uno de los mayores frutos de la inventiva humana: el horno alto.

En esta ocasión, intentaremos construir algo parecido. Y para ello aprovecharemos el vasto corpus de conocimiento que han creado los coleccionistas de elementos químicos, arqueólogos experimentales, aficionados a la cuchillería y todos los forjadores de los últimos tres milenios que han luchado denodadamente para obtener el útil metal. En este sentido, debo enorme gratitud a Miquel Segura, hábil forjador que me inició en las artes del acero y su obtención, y que me mostró algunos de los secretos técnicos que hoy traemos a estas páginas. Constituyen una revisión de las técnicas tradicionales, como el método catalán [véase «La farga catalana», por Pedro Molera; Investigación y Ciencia, octubre de 1982], el corso o el de las ferrerías vascas, y su objetivo no es obtener el hierro líquido y carburado del horno alto, sino una esponja de metal más puro y directamente forjable.

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