Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

Organismos transparentes

Un método inspirado en la exposición Mundos corporales promete acelerar las investigaciones biomédicas.

Hace cinco años, Viviana Gradinaru se dedicaba a obtener finos cortes de cerebro de ratón en un laboratorio de neurobiología, recopilando con lentitud imágenes de las rodajas bidimensionales para componer una representación tridimensional por ordenador. En su tiempo libre iba a ver la exposición Mundos corporales (Korperwelten, en su título original alemán). Le fascinaban en especial los restos «plastinados» que se exhibían del sistema circulatorio humano. Se le ocurrió que mucho de su trabajo podría perfeccionarse si empleaba un proceso similar.

El «aclarado de tejidos» existe desde hace más de un siglo, pero los métodos disponibles se basan en empapar las muestras de tejidos en disolventes, una técnica lenta que suele destruir las proteínas fluorescentes necesarias para marcar ciertas células de interés. Con el fin de desarrollar un procedimiento mejor, Gradinaru, a la sazón estudiante de posgrado, y sus colegas del laboratorio dirigido por el neurocientífico Karl Deisseroth se centraron en reemplazar las moléculas lipídicas del tejido, que lo vuelven opaco. Sin embargo, para evitar el colapso, se requería que el sustitutivo ejerciera también una función estructural, como hacen los lípidos.

El primer paso consistía en sacrificar un roedor y bombear formaldehído en su cuerpo a través del corazón. A continuación le quitaban la piel y llenaban los vasos sanguíneos con monómeros de acrilamida, un compuesto cristalino blanco e inodoro. Los monómeros creaban una malla de hidrogel que actuaba como soporte, sustituía a los lípidos y aclaraba el tejido. Pronto lograron convertir en transparente el cuerpo de un ratón, un proceso que duraba dos semanas.

Al cabo de poco empezaron a utilizar roedores transparentes para trazar el mapa completo de su sistema nervioso. La transparencia les dio la posibilidad de identificar nervios periféricos (haces minúsculos de fibras nerviosas que aún no se comprenden muy bien) y de representar la propagación de los virus a través de la barrera hematoencefálica de los roedores; lo consiguieron al marcar los virus con un agente fluorescente, inyectar estos en la cola del animal y observar cómo se extendían por el cerebro. «Es como ver el mundo en su conjunto en lugar de verlo en capas separadas», comenta Gradinaru. El proceso reduce el riesgo de error humano, agiliza el trabajo de laboratorio, genera datos más reveladores y exige emplear menos animales. Gradinaru ofrece la receta de su preparado de hidrogel a cualquier laboratorio que la solicite. Su siguiente paso consistirá en utilizar esta técnica para hallar, cartografiar y estudiar células madre y cancerosas.

Contenidos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.