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Nacimiento de una salamandra

La naturaleza esconde secretos que suelen pasar desapercibidos incluso al más tenaz de los naturalistas. Uno de los que guarda para sorprendernos y fascinarnos es la estrategia reproductora de la salamandra común.

EDUARDO OBIS

La naturaleza esconde secretos que suelen pasar desapercibidos incluso al más tenaz de los naturalistas. Uno de los que guarda para sorprendernos y fascinarnos es la estrategia reproductora de la salamandra común (Salamandra salamandra).

La mayoría de los anfibios se reproducen mediante la puesta de un número variable de huevos. Después de un tiempo, eclosionan y dan lugar a larvas que, más adelante, se metamorfosearán y se convertirán en adultos. Sin embargo, S. salamandra presenta dos estrategias reproductoras muy diferentes. Ambas responden a la adaptación que experimentó la especie durante el Pleistoceno, caracterizado por sucesivos períodos glaciales.

Las subespecies de la mayor parte de la península Ibérica son organismos ovovivíparos, como es el caso de S. s. terrestris (en las imágenes). Retienen en su interior los huevos, que maduran sin la amenaza de los depredadores. Las larvas se expulsan dentro de la envoltura del huevo, pero pronto se desprenden de ella. Son carnívoras: empiezan a alimentarse de pequeños animales acuáticos desde el primer momento. Después de unos cuatro meses, se metamorfosearán y, al cabo de dos a cuatro años, adquirirán la madurez sexual.

La población cántabra (S. s. bernardezi) y la que habita en el sudeste de los Pirineos (S. s. fastuosa) exhiben una estrategia bien distinta. Retienen las larvas en su interior hasta su completa metamorfosis y, por último, liberan ejemplares subadultos totalmente desarrollados: son organismos vivíparos (aunque en ningún momento la madre transfiere a las larvas sustancias nutritivas). En esas poblaciones aisladas, el viviparismo surgió quizá como consecuencia de la escasez de zonas húmedas donde liberar las larvas.

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