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1 de Octubre de 2018
Biología marina

Archivos de pelo

Los tejidos queratinosos de los lobos marinos ofrecen información sobre su alimentación y su reproducción.

Los cambios en las razones isotópicas del carbono y del nitrógeno a lo largo de las vibrisas de las hembras, como esta de lobo marino de las Galápagos (Zalophus wollebaeki), indican los períodos que ha atravesado de gestación y lactancia, respectivamente, y permiten conocer su éxito reproductivo. [MASSIMILIANO DRAGO]

Los lobos marinos, u otáridos, son depredadores de presas muy variadas y, debido al gran tamaño de sus numerosas poblaciones, suelen ser percibidos como competidores por los pescadores. Para valorar la cantidad y el tipo de presas que consumen y, por lo tanto, la intesidad del conflicto, necesitamos recabar información detallada acerca de su dieta, una tarea difícil, ya que pasan la mayor parte del año en el mar. Solo en los meses de verano se agregan en densas colonias para la reproducción, y en ese momento pueden obtenerse muestras biológicas para reconstruir diferentes aspectos de su conducta.

En nuestras investigaciones, realizadas principalmente en el Atlántico Sur, nos hemos fijado en los tejidos queratinosos (que constituyen los pelos de todos los animales). Se trata de tejidos fisiológicamente inertes una vez sintetizados, por lo que conservan inalterada la abundancia relativa de los isótopos estables (o razón isotópica) de los elementos que los forman, entre ellos el carbono, el nitrógeno y el azufre. Las razones isotópicas de los pelos de un lobo nos aportan información sobre su dieta, las zonas donde se alimenta e incluso su estado fisiológico. Ello ha permitido conocer de forma precisa diferentes aspectos de la biología de especies muy difíciles de estudiar de otro modo.

No obstante, no todos los tejidos queratinosos sirven por igual. Cada uno de los miles de pelos de los lobos crece durante unas pocas semanas, y las razones isotópicas integran lo sucedido durante dicho período. Lamentablemente, los otáridos no presentan un período de muda definido y no podemos saber la edad de cada pelo. Por consiguiente, las razones isotópicas del pelo no resultan muy útiles en este grupo de mamíferos.

Pero hay excepciones a esa norma. Una es el lanugo, el pelo que recubre a las crías de lobo recién nacidas. Este se forma unos dos meses antes del parto y su razón isotópica de carbono y de nitrógeno nos informa de la dieta de la madre durante la fase final de la gestación. Otra excepción son los largos pelos sensoriales del hocico, denominados vibrisas, que crecen a un ritmo constante durante varios años. Cada sección de 3 milímetros de vibrisa integra aproximadamente un mes de vida; por lo tanto, una que mida 15 centímetros proporcionará información sobre los últimos 50 meses de vida del animal. En el caso del lobo fino antártico, las vibrisas más largas pueden contener el registro de los últimos cinco años de vida.

Nuestros estudios han demostrado que la dieta varía con la edad y con el sexo, pero también entre adultos del mismo sexo. Además, la alimentación de las hembras influye notablemente en el crecimiento de las crías. Ahora, el reto pasa por integrar esta información en modelos ecosistémicos que permitan valorar y gestionar la presión de los lobos sobre sus presas.

[El artículo completo (PDF) incluye un reportaje fotográfico de 2 páginas con imágenes de especies de lobos marinos y sus tejidos queratinosos.]

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