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1 de Octubre de 2018
Cambio climático

Enanismo en alza

El auge de las temperaturas parece estar reduciendo el tamaño de todo tipo de animales, una tendencia con repercusiones inquietantes.

Más calor, menos tamaño: el diente grande (izquierda) pertenece a un équido del género Arenahippus y tiene unos 53,8 millones de años de antigüedad. El pequeño (derecha) pertenece a otro congénere que vivió 100.000 años más tarde, tras el brusco aumento de las temperaturas. [GRACE DELGADO]

En síntesis

El registro fósil nos revela que hace millones de años, cuando las temperaturas subían, el tamaño de la fauna menguaba.

Hoy, conforme el planeta se calienta, ese fenómeno se ha observado en peces, serpientes, ovejas, mariposas, salamandras y roedores.

La tendencia al enanismo podría ser la respuesta al efecto de la temperatura sobre el metabolismo; tal cambio podría afectar a la cadena trófica y a los ecosistemas del planeta.

El mundo se calentó con suma rapidez hace 56 millones de años. En solo 10.000 años, un abrir y cerrar de ojos en la escala de tiempo geológica, la temperatura se disparó hasta en 8oC, según los datos paleoclimáticos. En una llanura pantanosa del actual estado de Wyoming, la temperatura media anual se encaramó hasta los 26oC, similar a la de la costa tropical de Indonesia. Un morador de esos parajes era un animal menudo y parduzco de orejas puntiagudas y largas patas adaptadas para correr a grandes zancadas bajo el calor. De unos 4 kilos, su talla era similar a la de un perro Terrier. Pero era un caballo.

Antes del calentamiento, los équidos prehistóricos no eran precisamente sementales árabes: con unos 5,5 kg, más bien semejaban antílopes enanos. Pero menguaron espectacularmente al inicio de ese período, conocido como el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno. En concreto, el cuerpo de este équido de nombre científico Sifrhippus se redujo en un asombroso 30 por ciento. Ese fenómeno de enanismo evolutivo no acabó ahí, señala Abigail D’Ambrosia Carroll, doctoranda en ciencias ambientales de la Universidad de New Hampshire que estudia el registro fósil de este grupo zoológico. Durante una fase posterior del calentamiento, tres millones de años después, sobrevino una nueva reducción de la talla en muchos linajes de équidos, según una investigación publicada en 2017. Otros mamíferos, como un ancestro del ciervo de dimensiones similares a las de un conejo, también menguaron.

La relación entre el enanismo y el aumento de la temperatura no es solo cosa del pasado. Multitud de especies están experimentando el mismo fenómeno conforme el planeta se calienta. El sapo común ha menguado, de igual modo que las iguanas marinas, las serpientes, las tortugas, las salamandras, algunas ratas de campo norteamericanas (Neotoma), las moscas del estiércol (escatofágidos), las mariposas del Ártico, varios peces del mar del Norte y una especie de óvido. La razón de esta tendencia ha mantenido en vilo a los expertos, pero varios experimentos, observaciones de campo y el registro fósil nos dejan entrever la respuesta. La explicación radica en las necesidades energéticas: un cuerpo más pequeño que requiera menos energía puede ser conveniente cuando el entorno deviene más cálido, por lo que la evolución de la fauna en las zonas calurosas favorece la aparición de individuos de menor talla con el paso de las generaciones. «Creo que estamos más cerca de descifrar esos mecanismos», destaca Janet Gardner, bióloga de la Universidad Nacional Australiana, en Canberra. Aparte de resolver un misterio biológico, el entendimiento del fenómeno deja al descubierto un nuevo motivo de preocupación sobre los efectos del cambio climático. «En caso extremo, el enanismo podría abocar a la extinción, o generar alteraciones de la cadena trófica o de otros procesos ecológicos que podrían afectar directamente a ciertos animales beneficiosos para el género humano», advierte Michael Sears, biólogo evolutivo de la Universidad de Clemson. Un estudio señala que en los próximos 30 años podríamos asistir al empequeñecimiento de numerosas especies piscícolas de todo el mundo. Y aunque la magnitud del cambio es objeto de debate, muchos coinciden en que podría acarrear consecuencias graves que se propagarían a los siguientes eslabones de la cadena trófica.

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