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1 de Octubre de 2018
Biología

Equilibrio corporal

Las extremidades crecen al unísono en el feto.

Feto de ratón en desarrollo. [STEVE GSCHMEISSNER, SCIENCE SOURCE]

Los animales de simetría bilateral han vagado por el planeta desde hace unos 400 millones de años. El ser humano ha mostrado un vivo interés por esta propiedad de nuestra especie: piénsese en la importancia de la simetría en la percepción de la belleza o en la célebre representación del cuerpo humano con los brazos y piernas extendidos del Hombre de Vitruvio, obra de Leonardo da Vinci.

Ahora, la ciencia ha dado un paso más. Alberto Roselló-Díez, biólogo del desarrollo en el Instituto Australiano de Medicina Regenerativa de la Universidad Monash, ha liderado un estudio sobre cómo el feto del ratón mantiene la simetría al crecer. Al hacer que una de las extremidades del feto creciera más lentamente que la otra, observó que las células se comunican para corregir la asimetría. Ningún estudio había examinado con éxito el fenómeno hasta ahora.

Tras un año de intentos fallidos, el equipo de Roselló-Díez logró crear un modelo en ratones. Mediante una técnica desarrollada para modificar células en una placa de laboratorio, inyectaron en la pata trasera izquierda de los fetos un tipo de célula que limita el crecimiento de esta. Así descubrieron que las células que circundan el tejido reprimido se comunicaban con la placenta, que a su vez avisaba al resto de los tejidos —entre ellos a la otra extremidad trasera— para que moderaran su crecimiento hasta que el miembro retrasado los alcanzase. Solo en ese momento se reanudaba el crecimiento uniforme. El descubrimiento se publicó en junio en PLOS Biology.

Debemos imaginar este proceso como una «carrera a tres patas», afirma Kim Cooper, biólogo celular y del desarrollo en la Universidad de California en San Diego, ajeno al estudio. «Si la persona camina más deprisa, será más difícil mantener la sincronización. Ese mecanismo placentario evita que la extremidad lenta quede rezagada.»

La investigación profundiza en el desarrollo de los miembros y en el llamado crecimiento convergente. Pero, además, plantea nuevas incógnitas: una vez que el miembro ha alcanzado el mismo grado de desarrollo, ¿cómo sabe el otro que debe reanudar el suyo? En palabras de Adrian Halme, biólogo celular de la Universidad de Virginia, que tampoco ha participado en el estudio: «Esperamos de nuestros miembros que sean simétricos. Pero es realmente sorprendente cómo lo consiguen».

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