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Actualidad científica

  • 19/10/2018 - ECOLOGÍA

    La biodiversidad también puede desestabilizar los ecosistemas

    La riqueza de especies aumenta la estabilidad temporal del ecosistema, pero disminuye su resistencia frente a un aumento de la temperatura.

  • 18/10/2018 - Sordera

    ¿Restaurar la pérdida de audición?

    Experimentos realizados en ratones identifican una proteína cuya estimulación promovería la regeneración de las células sensoriales dañadas por el exceso de ruido o la edad.

  • 17/10/2018 - astronomía

    Pero ¿cómo se forman realmente los planetas?

    Como un coche que pesa el doble que el acero con que lo hicieron, los exoplanetas tienen una masa mucho mayor que el material del que surgen. Este nuevo hallazgo pone en entredicho las teorías de la formación planetaria.

  • 17/10/2018 - Comportamiento

    Por qué vivir en pareja engorda

    Los hábitos comunes que se adquieren durante la convivencia son los responsables del aumento de peso.

  • 16/10/2018 - astronomía

    Grandes penitentes de Europa

    Recuerdan a los nazarenos de una procesión, con sus ropas blancas y sus capirotes. Son unas agudas cuchillas de hielo que se juntan a cientos en neveros o campos de hielo. Y no las hay solo en la Tierra.

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  • Investigación y Ciencia
  • Octubre 2018Nº 505

Biología

La masa devoradora: una célula gigante e inteligente

El mixomiceto Physarum polycephalum, una suerte de moho formado por una sola célula, puede aprender e incluso transmitir su conocimiento.

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La diversidad de formas de vida en la Tierra va más allá de nuestra imaginación y no deja de sorprendernos. De entre el inmenso número de seres vivos, los organismos multicelulares son los más conocidos, tanto desde el punto de vista fisiológico como del comportamiento. Así, todos conocemos la capacidad de orientación de las palomas, de fotosíntesis de las plantas, de aprendizaje del perro o incluso de construcción de las hormigas. Por el contrario, las aptitudes de los organismos unicelulares, a menudo descritas como simples, son bastante desconocidas.

Sin embargo, los seres unicelulares presentan comportamientos que no tienen nada que envidiar a los observados en otros organismos: algunos son capaces de comunicarse, de orientarse, de cooperar, de construir refugios... Un ejemplo sorprendente es la capacidad de aprendizaje que hemos descubierto recientemente en un organismo unicelular de forma y tamaño indefinidos, viscoso y de color amarillo intenso: el mixomiceto Physarum polycephalum, también conocido como moho de muchas cabezas.

Organismo inclasificable

El lugar que ocupa este ser en el árbol de la vida ha resultado durante mucho tiempo incierto. Para clasificar un organismo, se empieza por especificar el reino (animal, vegetal, etcétera) al que pertenece. Pero ¿qué sucede con P. polycephalum, que tiene afinidades tanto con el reino vegetal como con el animal, así como con el de los hongos? En 1753, el naturalista Carlos Linneo clasificó los mixomicetos entre las plantas, basándose en su forma de producir pigmentos y en la diversidad de estos últimos. Tal variedad recuerda a la de las plantas, ya que hay mixomicetos (más de mil especies conocidas hoy en día) de todos los colores.

Sin embargo, en 1833, el botánico Heinrich Link clasificó P.polycephalum en el reino de los hongos debido a su modo de reproducción, parecido al de estos organismos. Efectivamente, la vida de esta especie comienza con la fusión de dos gametos (también llamados amebas), que son células haploides que contienen solo una copia de cada cromosoma. La fusión solo tiene lugar si las amebas son de diferente tipo sexual, lo que es muy probable que suceda ya que en P. polycephalum hay 720 tipos sexuales. La célula nacida de esta fusión crece, pero sin dividirse. Solo su núcleo se divide y da dos núcleos, que se dividen a su vez y así sucesivamente. La célula puede alcanzar un tamaño récord, del orden de varios metros cuadrados, y contener miles de millones de núcleos. (A modo de comparación, una célula humana mide de promedio solo 10 micrómetros de diámetro.)

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