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1 de Octubre de 2018
Biología

La masa devoradora: una célula gigante e inteligente

El mixomiceto Physarum polycephalum, una suerte de moho formado por una sola célula, puede aprender e incluso transmitir su conocimiento.

El mixomiceto Physarum polycephalum, también conocido como moho de muchas cabezas, recuerda a la «masa devoradora», el monstruo de una película de los años cincuenta. A pesar de que es menos peligroso que aquel, resulta casi inmortal. Resiste al fuego y al agua, cicatriza en unos minutos, puede cortarse en varias piezas y cada una de ellas se convierte en una nueva masa devoradora. [AUDREY DUSSUTOUR, CNRS]

En síntesis

Physarum polycephalum no es ni un animal, ni una planta, ni una seta.

Este organismo unicelular es sorprendente en muchos aspectos: presenta una diversidad de 720 sexos, puede desplazarse varios centímetros por hora y es fácil de clonar.

Aunque carece de neuronas, para alcanzar el alimento puede aprender, por habituación, a cruzar un puente cubierto de una sustancia repulsiva.

Más sorprendentemente, una masa de P. polycephalum puede transmitir a otra su capacidad de cruzar dichos puentes.

La diversidad de formas de vida en la Tierra va más allá de nuestra imaginación y no deja de sorprendernos. De entre el inmenso número de seres vivos, los organismos multicelulares son los más conocidos, tanto desde el punto de vista fisiológico como del comportamiento. Así, todos conocemos la capacidad de orientación de las palomas, de fotosíntesis de las plantas, de aprendizaje del perro o incluso de construcción de las hormigas. Por el contrario, las aptitudes de los organismos unicelulares, a menudo descritas como simples, son bastante desconocidas.

Sin embargo, los seres unicelulares presentan comportamientos que no tienen nada que envidiar a los observados en otros organismos: algunos son capaces de comunicarse, de orientarse, de cooperar, de construir refugios... Un ejemplo sorprendente es la capacidad de aprendizaje que hemos descubierto recientemente en un organismo unicelular de forma y tamaño indefinidos, viscoso y de color amarillo intenso: el mixomiceto Physarum polycephalum, también conocido como moho de muchas cabezas.

Organismo inclasificable

El lugar que ocupa este ser en el árbol de la vida ha resultado durante mucho tiempo incierto. Para clasificar un organismo, se empieza por especificar el reino (animal, vegetal, etcétera) al que pertenece. Pero ¿qué sucede con P. polycephalum, que tiene afinidades tanto con el reino vegetal como con el animal, así como con el de los hongos? En 1753, el naturalista Carlos Linneo clasificó los mixomicetos entre las plantas, basándose en su forma de producir pigmentos y en la diversidad de estos últimos. Tal variedad recuerda a la de las plantas, ya que hay mixomicetos (más de mil especies conocidas hoy en día) de todos los colores.

Sin embargo, en 1833, el botánico Heinrich Link clasificó P.polycephalum en el reino de los hongos debido a su modo de reproducción, parecido al de estos organismos. Efectivamente, la vida de esta especie comienza con la fusión de dos gametos (también llamados amebas), que son células haploides que contienen solo una copia de cada cromosoma. La fusión solo tiene lugar si las amebas son de diferente tipo sexual, lo que es muy probable que suceda ya que en P. polycephalum hay 720 tipos sexuales. La célula nacida de esta fusión crece, pero sin dividirse. Solo su núcleo se divide y da dos núcleos, que se dividen a su vez y así sucesivamente. La célula puede alcanzar un tamaño récord, del orden de varios metros cuadrados, y contener miles de millones de núcleos. (A modo de comparación, una célula humana mide de promedio solo 10 micrómetros de diámetro.)

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