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1 de Octubre de 2018
POLÍTICA CIENTÍFICA

La necesaria ­colaboración antártica

La coordinación científica es esencial para avanzar en políticas ambientales globales.

© TENEDOS/ISTOCKPHOTO

El Tratado Antártico, hoy suscrito por 53 países, está consagrado a la idea de un continente sin discordias reservado para la ciencia. En 1959, las naciones se comprometieron a dejar de reclamar territorios y a utilizar el continente solo con fines pacíficos, cooperar en investigaciones científicas y compartir los resultados.

Desde entonces, las infraestructuras científicas han ido proliferando. Algunas naciones, como China, Alemania, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Reino Unido, han construido nuevas estaciones de investigación o han modernizado las ya existentes. Australia, Noruega y Reino Unido han botado, o pronto lo harán, buques de investigación más grandes. En mayo, Australia anunció que construiría la primera pista de aterrizaje asfaltada del continente, que permitirá la llegada de grandes aviones a la Antártida oriental durante todo el año. Otros países también están mejorando su acceso aéreo.

¿Por qué todo ese interés? Comprender la región es fundamental para predecir los cambios ambientales a escala mundial, y en particular la elevación del nivel del mar y sus implicaciones para la población y la pobreza. Pero también existen consideraciones geopolíticas. Más países quieren mantener su presencia por debajo del paralelo 60o de latitud sur, especialmente a medida que el océano Antártico se vuelve más accesible para la pesca.

No obstante, pocas naciones están desarrollando una fuerza intelectual que complemente la creciente infraestructura. Deberían buscarse formas de compartir recursos de investigación y coordinar  esfuerzos. Una labor difusa no proporcionará la información que precisan los dirigentes mundiales para poder actuar. Ha llegado el momento de centrarse.

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