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1 de Octubre de 2018
Medicina del deporte

Lesión sexista

Las futbolistas son más vulnerables a los daños cerebrales que sus homólogos masculinos.

ERIK ISAKSON, GETTY IMAGES

El remate de cabeza pasa factura al cerebro de los futbolistas. Pero ese coste, medido en función del volumen de neuronas dañadas, es cinco veces mayor en las mujeres que en los varones, advierte una investigación novedosa.

El estudio ofrece una explicación biológica del porqué las jugadoras lesionadas refieren síntomas más graves y requieren un tiempo de recuperación más largo que los jugadores. Hasta ahora, algunos investigadores no habían tenido en cuenta las quejas de las jugadoras porque apenas existían indicios fisiológicos de la diferencia, afirma Michael Lipton, neurocientífico en el Colegio de Medicina Albert Einstein y uno de los firmantes del artículo.

El equipo de Lipton recurrió a la resonancia magnética para examinar el interior del cráneo de 98 jugadores aficionados de fútbol adultos —la mitad de cada sexo— que habían practicado el remate de cabeza con distinta frecuencia durante el año anterior. En las jugadoras, ocho regiones de la sustancia blanca que canaliza las señales cerebrales presentaban deterioro estructural, en contraste con solo tres en los varones (la magnitud del daño corría paralela al número de cabezazos referidos). Es más, las jugadoras del estudio mostraban daños en un promedio cercano a los 2100 milímetros cúbicos de tejido cerebral, mientras que sus iguales masculinos solo presentaron una media de 400 milímetros cúbicos.

Lipton ignora de momento la causa de tal diferencia entre los sexos, pero apunta dos posibilidades. Las mujeres podrían sufrir más con el latigazo que supone el impacto contra el cráneo, pues en general poseen menos masa muscular que los hombres con la que estabilizar el cuello y la cabeza. Otra hipótesis barajada es que el notable descenso de la progesterona que tiene lugar durante ciertas fases del ciclo menstrual podría exacerbar la vulnerabilidad femenina al daño cerebral, pues dicha hormona ejerce una acción antinflamatoria.

Thomas Kaminski, fisiólogo deportivo de la Universidad de Delaware, ajeno al trabajo, lo califica como pionero. La investigación resulta singular porque pone de relieve el efecto acumulativo de los golpes reiterados sobre el cráneo, en contraposición a las lesiones traumáticas importantes, explica. «Muy pocos de esos jugadores y jugadoras tenían antecedentes de conmoción cerebral.»

Ahora los especialistas están ansiosos por saber si tales cambios en la sustancia blanca acarrean secuelas a la larga en las capacidades cognitivas. Hasta que no sepamos más, Kaminski propugna un enfoque preventivo que limite el daño causado por esa técnica de juego. En agosto se reunió con responsables de la Federación Estadounidense de Fútbol con el fin de redactar una serie de consejos sensatos para la práctica del remate de cabeza en las ligas infantiles y juveniles.

Carla García, una de las participantes en el estudio de Lipton, afirma que después de jugar a fútbol durante 47 años no va a dejar de rematar así, pero puntualiza: «Todo lo que haga la práctica del deporte más segura para los niños merece la pena».

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