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  • Octubre 2018Nº 505
Apuntes

Astrobiología

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Sin noticias de E.T.

La antigua atmósfera de la Tierra plantea dudas sobre la posibilidad de detectar vida extraterrestre.

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Respire hondo. Alrededor del 20 por ciento del aire que acaba de pasar por su boca o fosas nasales es oxígeno, el gas que necesita buena parte de la vida en la Tierra. Sin embargo, si hubiera hecho lo mismo hace 1870 millones de años, no habría sobrevivido.

Hasta hace poco no se sabía demasiado sobre la abundancia de oxígeno en la atmósfera de la Tierra primitiva, cuando los microorganismos eran la única vida sobre el planeta. Ahora, durante un trabajo de campo efectuado en el norte de Canadá, un grupo de geólogos ha confirmado por primera vez que, por aquel entonces, el oxígeno era extremadamente escaso.

El hecho de que la vida pudiera florecer con niveles tan bajos de oxígeno supone un problema para quienes buscan vida extraterrestre. La presencia de este gas en la atmósfera de un exoplaneta se consideraría un signo revelador de que podría albergar vida, explica Noah Planavsky, biogeoquímico de la Universidad de Yale y uno de los autores del nuevo estudio, publicado en julio en Proceedings of the National Academy of Sciences. No obstante, si la vida puede desarrollarse incluso en ambientes con concentraciones muy bajas de oxígeno, los telescopios espaciales diseñados para detectar este gas podrían no inferir nunca la presencia de vida. «Aun si esos planetas rebosaran de vida compleja, podrían parecer planetas muertos desde el punto de vista de la detección remota», señala Planavsky.

Planavsky y su equipo estudiaron rocas para determinar la concentración de cerio, un elemento que sirve como indicador de los antiguos niveles de oxígeno. El oxígeno se une al cerio que hay en el agua del mar y lo elimina, reduciendo así la cantidad de cerio que se depositará en las rocas sedimentarias. Según los investigadores, los niveles de cerio medidos corresponden a concentraciones de oxígeno de aproximadamente el 0,1 por ciento de los niveles atmosféricos actuales.

Planavsky defiende que tales datos deberían servir de guía a la hora de construir la próxima generación de telescopios que intenten buscar vida en otros mundos. Los que ya se están desarrollando, como el telescopio espacial James Webb, de la NASA, no pueden detectar concentraciones tan bajas de oxígeno, añade Edward Schwieterman, astrobiólogo de la Universidad de California en Riverside que no participó en el trabajo.

Puede que las futuras misiones con telescopios espaciales estén preparadas para detectar bajas concentraciones de oxígeno. Pero, por el momento, los investigadores que exploran el cielo en busca de E.T. no deberían hacerse demasiadas ilusiones.

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