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1 de Octubre de 2018
Cognición

Ver siendo ciega

Una mujer invidente es capaz de percibir el movimiento.

THOMAS FUCHS

Milena Canning puede ver el vapor que sale de una taza de café, pero no la taza. Puede ver la coleta de su hija balanceándose de un lado a otro, pero no a su hija. Canning está ciega, pero los objetos en movimiento logran de algún modo abrirse un camino hasta su percepción. Los científicos que estudian su afección afirman que podría revelar secretos sobre la manera general en que los seres humanos procesamos la visión.

Canning tenía 29 años cuando un derrame cerebral destruyó por completo su lóbulo occipital, la región del cerebro que alberga el sistema visual. Este suceso la dejó ciega, pero un día vio un destello metálico proveniente de una bolsa de regalo cercana. Sus médicos le dijeron que estaba teniendo alucinaciones.

«Yo pensé que debía estar ocurriendo algo en mi cerebro [que me permitía ver]», explica ella. Así que Canning fue de médico en médico hasta que conoció a Gordon Dutton, un oftalmólogo de Glasgow. Dutton ya se había topado con el mismo misterio antes, en un artículo escrito en 1917 por el neurólogo George Riddoch en el que describía a soldados de la Primera Guerra Mundial con lesiones cerebrales. Para ayudar a potenciar la visión basada en el movimiento de Canning, Dutton le recetó una mecedora.

Canning es una de las pocas personas diagnosticadas con el «síndrome de Riddoch», la capacidad de percibir movimiento aun siendo ciego a otros estímulos visuales. Jody Culham, neurocientífica de la Universidad Occidental de Ontario, y sus colaboradores emprendieron una investigación de diez años acerca de la extraordinaria visión de Canning. Sus resultados se publicaron en línea el pasado mayo en Neuropsychologia. El equipo confirmó que Canning era capaz de detectar el movimiento y su dirección. Podía ver una mano moviéndose hacia ella, pero no distinguir entre un pulgar extendido hacia arriba y uno hacia abajo. También logró sortear obstáculos, extender la mano y agarrar objetos, y atrapar una pelota lanzada hacia ella.

Las resonancias de Canning mostraron un agujero del tamaño de una manzana allí donde debería estar la corteza visual. Pero la lesión aparentemente no afectó a la región del cerebro que procesa el movimiento, el área visual temporal medial. «Hay que atribuir todo el mérito [de la percepción de Canning] a una temporal visual intacta», señala Beatrice de Gelder, neurocientífica de la Universidad de Maastricht que no participó en el estudio.

El siguiente misterio es cómo llega la información desde los ojos hasta el área temporal medial sin pasar por la corteza visual. «Yo imagino la vía óptica principal como una autopista. En el caso de Milena, la autopista está cortada, pero existe toda una serie de carreteras secundarias que van a la temporal medial», explica Culham. «Tiene que tratarse de una de esas rutas indirectas, pero aún no estamos seguros de cuál», añade. Lo más probable es que tales carreteras secundarias existan en todos nosotros como restos del sistema visual primitivo, que evolucionó para detectar amenazas que se aproximaban incluso sin tener una visión completamente desarrollada, concluye Culham.

Canning está encantada de participar en el estudio. «Si puedo ayudarles a entender mejor el cerebro», dice, «podría entender por qué veo lo que veo».

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