Combustibles procedentes del Sol

La producción de combustibles químicos a partir de la luz solar ofrece una forma de energía susceptible de ser transportada y almacenada, superando las limitaciones de la conversión directa de la energía solar en electricidad.

Por ser limitada la cantidad reservada de combustibles fósiles, importa sobremanera encontrar fuentes de energía alternativas. La búsqueda se hace aún más apremiante tras comprobar que la quema continua de combustibles fósiles pone en peligro el clima terrestre debido a la emisión de dióxido de carbono que, al retenerlo la atmósfera, contribuye al calentamiento general (efecto invernadero). La nueva energía ha de ser renovable, estar disponible en cuantía suficiente para atender la demanda mundial e inocua para el entorno. Sólo conocemos una fuente de energía que reúna tales características: el sol.

A primera vista, la energía solar parece ser una solución ideal. La cantidad total de radiación solar que llega en un año a la superficie terrestre es de unos 3,9 millones de exajoules (el exajoule equivale a un trillón de joules, la energía calorífica aproximada que liberaría la combustión de 22 millones de toneladas de petróleo). Habida cuenta que el consumo anual de energía en el mundo totaliza 350 exajoules, para atenderlo bastaría recoger, con un rendimiento no superior al 10 %, la energía de los rayos solares que inciden sobre el 0,1 % de la superficie terrestre. Si bien esta afirmación se ha simplificado en demasía, un examen más detenido confirma el punto básico: la energía solar podría suministrar con facilidad al menos 450 exajoules al año, aunque solamente se tomara de una pequeña fracción de las zonas desérticas que reciben la mayoría de la luz solar.

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