Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

La célula madre

Crea los componentes fundamentales de los sistemas hematopoyético e inmune. El aislamiento y manipulación de la célula madre permitirá abordar nuevos tratamientos para el cáncer y las inmunodeficiencias.

La sangre humana consta de un rico muestrario en el que cada célula está diseñada con minuciosa precisión para cumplir su propia función vital. Los eritrocitos, o glóbulos rojos, transportan oxígeno a través del cuerpo; las plaquetas, diminutas, impiden la hemorragia promoviendo la coagulación; los leucocitos —que abarcan linfocitos, monocitos y neutrófilos— forman el sistema inmune, que defiende al sujeto contra ataques de tejidos extraños, virus y otros microorganismos.

Por asombroso que parezca, tamaña diversidad celular arranca de una misma clase de célula patrón, la célula madre hematopoyética (formadora de sangre), que reside originalmente en la médula ósea. Las agresiones infligidas contra ella —piénsese en la quimioterapia, radiación o procesos morbosos— pueden desmantelar el sistema hematopoyético e inmune. Pero podemos trasplantar médula ósea para curar los pacientes cuyas células madre han sufrido tales daños. Nuestro conocimiento de la célula madre ha mejorado mucho en los últimos años y, con él, las posibilidades de refinar los métodos de trasplante de médula y preparar terapias más eficaces contra enfermedades que traen la ruina absoluta del cuerpo: cáncer, sida, anemia aplásica y trastornos en la autoinmunidad, entre otras.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.