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1 de Febrero de 1993
Tendencias en biología

¿Por qué envejecemos?

En buena parte, la respuesta está escrita en nuestros genes. Pero ¿en cuáles? Investigaciones recientes nos ofrecen pistas sugestivas.

Michael R. Rose, de la Universidad de California en Irvine y experto en evolución, habla con orgullo de su singular colección de moscas de la fruta. Después de cruzamientos sucesivos de hembras y machos longevos, ha conseguido poblaciones de Drosophila melanogaster que viven el doble de lo normal. La longevidad es uno de los rasgos extraordinarios de estos matusalenes en miniatura. Destaca que se trata de “moscas superiores, más robustas que cualquier otra de su misma edad y mejor equipadas para resistir el estrés”. Ya viejas, muchas de ellas siguen siendo más fuertes que las jóvenes normales.

No le falta razón para sentirse ufano. El alargar la vida de una manera notable y mantener la salud, no importa en qué especie, constituye toda una proeza. Pero no termina ahí la tarea del grupo de Rose; ha comenzado a estudiar los alelos, o variantes de genes, que puedan explicar las diferencias existentes entre las supermoscas y sus parientes del montón, y ha identificado ya uno.

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