Enfermedad de Huntington

Aunque hace diez años que se aisló el gen responsable de la enfermedad de Huntington, continúa la búsqueda de sus mecanismos destructores.
Muecas extrañas dan un primer aviso. Luego, las personas afectadas se tornan más distraídas y comienzan a realizar gestos involuntarios, sobre todo en situaciones de estrés físico o psicológico. A medida que la enfermedad progresa, menudean movimientos como pasos de baile o tumbos de ebrio. La invalidez se hace más patente. Los enfermos se sienten incapaces de acometer las tareas rutinarias, al par que ven mermadas sus funciones intelectuales; no saben organizarse. En los estadios más avanzados aparecen la depresión y la agresividad; en los casos más graves, la demencia y la psicosis. El que antes era un miembro activo de la familia, un amigo o un compañero de trabajo vivaz se torna una sombra desvalida. Así podemos perfilar el cuadro ingrato de la enfermedad de Huntington, un trastorno hereditario que suele mostrar su virulencia en la flor de la vida, a los 30 o 40 años. Sin tratamiento eficaz, la enfermedad avanzalenta e inexorable hacia la incapacidad total y la muerte en 15 o 20 años. Aunque la enfermedad afecta fundamentalmente al sistema nervioso central, la mayoría de los individuos que la padecen fallecen por complicaciones cardiacas, complicaciones respiratorias o por lesiones en la cabeza causadas por las frecuentes caídas.

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