Los pigmentos de las iluminaciones

Sabemos ahora la composición de los pigmentos con que se ornaron los manuscritos de la Edad Media y la evolución de su uso a lo largo del tiempo.
De las sustancias colorantes, o pigmentos, con que se pintan manuscritos, cuadros o frescos nace una multitud de matices cromáticos. Pero también son indicios que el historiador explota para conocer la evolución de las técnicas pictóricas. ¿Cuáles se utilizaron para adornar en Francia los manuscritos medievales? ¿Tienen un origen mineral, vegetal o animal? ¿Son naturales o sintéticos? ¿Cambia la elección de los pigmentos según las épocas o el lugar de producción de los manuscritos? Para responder estas preguntas hemos recurrido a la microespectroscopía Raman, que tiene la inestimable ventaja de identificar los pigmentos sin causar daño a las obras. Con el fin de interpretar los resultados en el contexto histórico en que se crearon los manuscritos, escogimos un conjunto de obras, conservadas en la Biblioteca Nacional de Francia, que se realizaron en la abadía de la Trinidad de Fécamp en los siglos xi y xii: se sabe con precisión dónde se elaboraron y en qué época. Más aún, estas investigaciones esclarecen los métodos de trabajo de los talleres de copiado.
La abadía de Fécamp se fundó en el año 658. Durante las invasiones escandinavas, en 876, los monjes fueron exterminados y los edificios quedaron totalmente destruidos; ningún manuscrito de esta época subsistió. En 911 la región recobra la paz gracias al tratado de Saint-Clair-sur-Ept, por el cual el rey de Francia Carlos II cede a Rollon, el jefe de los hombres del Norte, una parte de Neustria, que toma el nombre de Normandía. Los condes, y después los duques, normandos reconstruirían la abadía de la Trinidad, donde Ricardo I instalará a unos religiosos a finales del siglo x. Considerando necesaria una reforma, en 1001 Ricardo II hizo venir a monjes de la abadía de Cluny (en Borgoña). Bajo el impulso de un nuevo abad, los años entre 1028 y 1078 inauguran un período próspero en el que se establecen relaciones muy estrechas con la abadía del Mont-Saint-Michel y, fuera de la provincia, intercambios con los monasterios de más allá del Canal. Los vínculos con Mont-Saint-Michel quedan ilustrados por un ejemplar del Tratado sobre la Trinidad de san Agustín (véase la figura 1), cuya decoración muestra numerosas similitudes con obras surgidas del taller de copia de allá. El copista de este tratado trabajó para las dos abadías.

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