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1 de Julio de 2002
Astronomía

Viaje al planeta más lejano

Plutón, durante largo tiempo considerado el más lejano de los planetas, es el primero de los astros helados que gravitan en la noche perpetua de los confines del sistema solar. ¿Recibirá, por fin, la visita de una sonda espacial?

Apenas diez años atrás, los astrónomos consideraban todavía a Plutón una rareza singular. Los demás planetas encajaban bien en la arquitectura del sistema solar: en el interior, cerca del Sol, circulan cuatro cuerpos rocosos y pequeños (Mercurio, Venus, la Tierra y Marte); en el exterior, más allá del cinturón de asteroides, se hallan cuatro gigantes gaseosos (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). Los ocho planetas describen órbitas casi circulares en torno al Sol en un mismo plano, llamado plano de la eclíptica. Plutón constituye también un planeta exterior, aunque minúsculo (de unos 2400 kilómetros de diámetro), helado; dibuja una órbita más elíptica y está inclinado unos 17 grados sobre el plano de la eclíptica. En breve, parece un núcleo cometario gigante más que un planeta en sentido estricto.
En los años cuarenta del siglo pasado, Gerard Kuiper, astrónomo de origen holandés, postuló que Plutón quizá no fuera un objeto aislado, sino el más brillante de un grupo de cuerpos helados en órbita por la periferia del sistema solar. No tardó en aceptarse la tesis de un "cinturón de Kuiper", que explicaba por qué los numerosos cometas de período corto (de menos de doscientos años) recorren órbitas muy próximas al plano de la eclíptica. Sin embargo, pese a la acumulación de indicios a favor de la existencia de ese reservorio lejano de cometas situados en la misma región que Plutón, no pudo observarse ningún astro "transneptuniano" durante medio siglo. A finales del decenio de 1980 comenzó a instalarse, en los telescopios, detectores cuya sensibilidad superaba de lejos la de las viejas placas fotográficas: dispositivos acoplados de carga (CCD). De esa innovación técnica vendría el éxito.

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