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El conocimiento situado

Los enfoques feministas arrojan luz sobre la importancia del contexto en la construcción del conocimiento científico.

Getty Images/andreas kermann/istock

El feminismo ha contribuido de manera fundamental a cambiar el modo de entender la ciencia y la tecnología. Como movimiento político, se ha preocupado por mejorar la situación de las mujeres en la ciencia, que exhibe discriminaciones territoriales (las mujeres se concentran en disciplinas supuestamente «femeninas») y jerárquicas (pocas acceden a la parte superior de la escala). Como teoría, el feminismo ha protagonizado la crítica más completa, aunque no la única, a la concepción clásica de la ciencia y la tecnología. Aunque las aproximaciones feministas a la ciencia son múltiples y variadas, todas coinciden en su crítica a la supuesta neutralidad y objetividad de la ciencia, nociones ambas sustentadas en ciertos principios de la filosofía tradicional de la ciencia, que servían para delimitar las tareas de la filosofía de la ciencia frente a otras disciplinas.

Uno de esos principios tradicionales era la distinción entre «hechos» y «valores». Se trata de una distinción dicotómica, excluyente y jerárquica, pues consideraba que los hechos pertenecían a una categoría superior a la de los valores. Así, la filosofía de la ciencia debía ocuparse solo de los enunciados acerca de «lo que es», mientras que los juicios de valor, sobre «lo que debe ser», quedaban relegados a otro dominio.

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