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Grafito en rocas lunares

El análisis de una de las rocas lunares recogidas en la misión del Apolo 17 en 1972 ha arrojado la primera prueba de la existencia de grafito en una muestra lunar.

GETTY IMAGES

Aunque el hombre no ha vuelto a pisar la Luna desde que el Apolo 17 la visitase en 1972, parece que aquellas misiones aún deparan sorpresas. El análisis de una de las rocas recogidas entonces ha arrojado la primera prueba de la existencia de grafito en una muestra lunar.
El verano pasado, Andrew Steele, astrobiólogo en la Institución Carnegie de Washington, y sus colaboradores publicaron en Science el hallazgo de docenas de partículas y siete filamentos de grafito extraídos de una pequeña mancha oscura (de apenas 0,1milímetros cuadrados) de una de las rocas que trajo el Apolo 17. En el pasado ya se habían aislado trazas de carbono procedentes del viento solar o en forma de otros compuestos, como algunos carburos. Pero el descubrimiento de cantidades de grafito de un tamaño notable supone un descubrimiento único.
Se estima que su origen podría hallarse en una gran lluvia de meteoritos acontecida hace unos cuatro mil millones de años, un episodio que ha dado en llamarse bombardeo intenso tardío. Según Steele, los fragmentos aislados ahora quizá constituyan el remanente del polvo liberado durante el impacto de un meteorito rico en carbono, aunque también podrían haber condensado a partir del gas producido en uno de esos impactos. De confirmarse la primera hipótesis, los cristales de grafito quizá sean restos intactos del meteorito que excavó la cuenca Serenitatis, cercana al lugar donde alunizó el Apolo 17.
Paul D. Spudis, del Instituto Lunar y Planetario de Houston, coincide en que es probable que se trate de los restos de algún impacto, pero puntualiza que podría ser uno distinto al que excavó la cuenca Serenitatis. Junto a otro colaborador, Spudis postuló en 1981 que las muestras recogidas por el Apolo 17 quizá tuviesen su origen no en un único impacto, sino en varios.
Sea como fuere, los recursos científicos cosechados durante las misiones Apolo no se encuentran agotados en absoluto.

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