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1 de Marzo de 2011
Tabaquismo

Humo radiactivo

La industria tabaquera lleva décadas sin hacer nada para eliminar un isótopo peligroso de los cigarrillos.
CHERIE SINNEN
En noviembre de 2006, Alexander Litvinenko, antiguo agente de la KGB, moría en un hospital de Londres bajo circunstancias que recordaban a los asesinatos de la guerra fría. El veneno que acabó con su vida, un isótopo radiactivo llamado polonio 210, se encuentra mucho más extendido de lo que creemos: la población mundial fuma unos seis billones de cigarrillos al año, y cada uno de ellos contiene una pequeña cantidad de polonio210 que acaba en los pulmones. Para un fumador de paquete y medio al día, la cantidad de veneno inhalada a lo largo de un año supone una radiación equivalente a la de 300 radiografías de tórax.
Aunque el polonio no constituya el principal carcinógeno del humo del tabaco, solo en EE.UU. provoca miles de muertes al año. Pero, a diferencia de lo que ocurre con otras sustancias nocivas, las muertes provocadas por polonio podrían evitarse con facilidad. La industria tabaquera conoce la presencia del polonio en los cigarrillos desde hace casi cincuenta años. Existen documentos internos que demuestran que los fabricantes idearon métodos para rebajar de manera drástica la concentración del isótopo en el humo del tabaco, pero decidieron no hacer nada y mantuvieron en secreto sus investigaciones.

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