La ballesta

Esta formidable arma, inventada hace 2400 años, generalizó su uso en el siglo XI. Durante 500 años, hasta el advenimiento de armas de fuego, fue preponderante en situaciones defensivas.

Desde el siglo xi hasta el advenimiento de armas de fuego eficaces, unos 500 años más tarde, la ballesta constituyó una formidable arma de guerra. Servía principalmente para la defensa de lugares fortificados o protegidos, como castillos y barcos. También contribuyó en gran manera al conocimiento de los materiales (debido a las fuerzas que la ballesta tenía que resistir) y de la aerodinámica (a causa de las peculiares características de vuelo de la saeta). La aerodinámica de la saeta y los principios de su utilización inspiraron muchas de las incursiones que Leonardo da Vinci hiciera en el campo de la física y la ingeniería.

Los armeros y flecheros que diseñaron la ballesta y otras armas parecidas no sabían matemáticas y carecían de conocimientos formales de la física que subyace a la ingeniería. Con todo, las pruebas que hemos llevado a cabo en la Universidad de Purdue muestran que estos artesanos se las ingeniaron para lograr un alto grado de refinamiento aerodinámico y un buen dominio de los principios mecánicos.

La ballesta, como máquina, no es compleja. Un arco, generalmente demasiado vigoroso para ser tensado sin ayuda mecánica, se monta transversalmente en la parte delantera de un palo de madera o metal que recibe el nombre de tablero. Se instala un medio para sujetar la cuerda en su máxima tensión, así como para soltarla. La flecha corta (la saeta) avanza por una canal abierta en la parte superior del tablero o bien por unas guías que dan soporte a la saeta en cada extremo. Si el arco es lo suficientemente poderoso, para tensarlo se construirá un dispositivo en el tablero o aparte.

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