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1 de Septiembre de 2015
Evolución

Del lobo al perro

Cómo un carnívoro temible acabó convirtiéndose en el mejor amigo del hombre.

PETER RIGAUD

En síntesis

El perro es el primer animal domesticado. A pesar de años de estudio, todavía no conocemos de qué modo surgió, ni en qué momento ni lugar.

Los recientes análisis de ADN han arrojado nueva luz sobre el antepasado del perro y un ambicioso proyecto está en marcha para concretar el momento y el lugar de la domesticación canina.

Los nuevos conocimientos aportarán pistas sobre el curso de la relación entre el hombre y el perro en los milenios posteriores a su domesticación.

Cuando alguien ha cuidado cachorros de lobo y de perro de apenas una semana de vida y los ha amamantado con biberón día y noche, sabe apreciar sus diferencias. Zsófia Virányi, etóloga del Centro de Estudios sobre el Lobo, en Austria, y sus colaboradores crían desde 2008 ejemplares de ambas especies con el fin de descubrir lo que convierte a cada una en lo que son, perros y lobos. El centro alberga actualmente cuatro manadas de lobos y otras tantas de canes, integradas por entre dos y seis individuos. Todos han sido adiestrados para obedecer órdenes básicas, caminar con correa y tocar con el hocico la pantalla de un monitor para ejecutar test de cognición. Pero, pese a haber convivido y trabajado con ellos siete años, los lobos siguen conservando ese libre albedrío que tan poco tiene de canino.

Si dejamos un pedazo de carne sobre la mesa y gritamos a uno de los perros «¡No!», este obedecerá. Al contrario del lobo, que nos mirará a los ojos y tomará el bocado. Es una certeza desconcertante que Virányi ha experimentado en repetidas ocasiones. Y cada vez que eso sucede se vuelve a preguntar cómo pudo el lobo convertirse en un animal doméstico.

«No se puede convivir con un carnívoro de talla respetable que se comporte de esa guisa. Uno quiere un animal como el perro, que acate el "no".»

Tal vez el hecho de entender una orden tajante guarde relación con la jerarquía que impera en las jaurías caninas, que, lejos de igualitarias como las del lobo, son dictatoriales, tal y como han descubierto Virányi y sus colaboradores. Los lobos comen juntos y, aunque el individuo dominante gruña y enseñe los dientes a uno de los subordinados, este no marcha. No ocurre lo mismo con los perros. Los subordinados raramente comen con el dominante. Ni siquiera lo intentan. Las investigaciones del grupo también apuntan a que, en vez de esperar a cooperar en tareas con los humanos, los perros esperan que se les ordene lo que han de hacer.

Virányi se pregunta con perplejidad cómo el igualitario e independiente lobo se tornó en el obediente y servicial perro y qué papel tuvo el hombre primitivo en tal proeza: «Intento concebir cómo se produjo la transformación y no puedo».

No es la única. A pesar de haber determinado con éxito el momento, el lugar y el ascendente de casi todos los animales domesticados, de la oveja a la vaca y del pollo a la cobaya, los especialistas no se ponen de acuerdo en lo referente a nuestro mejor amigo, Canis familiaris. También conocen los motivos que impulsaron a criar y seleccionar los otros animales domésticos (disponer de una despensa a mano), pero ignoran qué empujó a acoger un depredador en el hogar. Además, el perro es la primera especie domesticada, una condición que acrecienta el misterio sobre su origen.

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