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Detector de mentiras colaborativo

Los grupos pillan los embustes más a menudo que los individuos.

THOMAS FUCHS

Al embustero lo delatan en el cine negro clásico una mirada huidiza, un no estarse quieto, unas manos sudorosas. En la vida real, sin embargo, sorprende lo difícil que es apercibirse de que alguien está contando una patraña. El porcentaje de aciertos en detectar mentiras, incluso cuando lo intentan profesionales formados, apenas supera el que se obtiene por pura suerte. Y los tribunales suelen rechazar el polígrafo como prueba porque los exámenes que se efectúan con ellos carecen de preguntas estandarizadas que determinen si se está diciendo una falsedad. Unos psicólogos de la Universidad de Chicago han visto que, a la hora de descubrir invenciones, los grupos de personas son regularmente más fiables que el azar o que un juez individual.

En su estudio se mostraba a los participantes declaraciones grabadas en vídeo, a solas o con otros, y se les pedía que conjeturasen si los declarantes decían la verdad o una mentira inocente. Tras 36 rondas, los investigadores observaron que los grupos de evaluadores puntuaban como los individuos al reconocer la veracidad de lo dicho, pero atinaban un 8,5 por ciento más al desvelar mentiras. Los grupos de tres o de seis eran fiables por igual en la detección de falsedades. Esa pequeña ventaja se debe a las ideas que surgen en las conversaciones, dice Nadav Klein, uno de los autores del estudio. Al hablar con otros de lo que se ha observado, se adquieren nuevas perspectivas que mejoran la comprensión. Los resultados se publicaron en junio en Proceedings of the National Academy of Sciences USA.

La balanza de la justicia se podría recalibrar consiguientemente. Por ejemplo, los jueces podrían ordenar de forma explícita a los miembros del jurado no solo que tomen en cuenta las pruebas de modo objetivo, sino que evalúen la sinceridad de los testigos, añade R. Scott Tindale, psicólogo de la Universidad Loyola Chicago. Con esa prescripción sería más probable que en las deliberaciones se discutiese la credibilidad y se venciera, pues, al engaño. Nadie aboga por una mentalidad de turba; pero cuando se sopesa la mendacidad parece que es de sabios intercambiar opiniones.

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