Hurto solar

El Sol quizá le haya quitado Sedna a una estrella cercana.

Imagen de Sedna tomada con el telescopio Schmidt de cuarenta y ocho pulgadas, del observatorio de Monte Palomar. [NASA, dominio público]

En los días de su descubrimiento, en 2003, Sedna era el cuerpo más lejano visto en nuestro club planetario. Su peculiar trayectoria —nunca se aventura cerca de los planetas gigantes— da a entender una historia no menos singular. ¿Cómo llegó allá? Puede que el Sol le arrancase Sedna a otra estrella, según nuevas simulaciones por ordenador.

Se encontró una pista acerca del pasado de Sedna en 2012, cuando se dio con un segundo objeto, más pequeño aún, cuya órbita era también oblonga y remota. Los astrónomos Lucie Jílková y Simon Portegies Zwart, del Observatorio de Leiden, y sus colaboradores investigaron si un atraco interestelar pudo crear las órbitas de Sedna y de su compañero de viaje 2012 VP113. «Vimos que era posible», comenta Jílková. Además, los investigadores reconstruyeron la escena del crimen e incluso las probables características de la estrella víctima, a la que llamaron «estrella Q». En un trabajo remitido a Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, afirman que la estrella Q debía de tener originalmente una masa un 80 por ciento mayor que la del Sol. Habría pasado a 34.000 millones de kilómetros de nosotros, distancia solo 7,5 veces mayor que la que hay entre el Sol y Neptuno. Esta proximidad significaría que nació en el mismo grupo o cúmulo que el Sol. Todavía existiría, pero su más ardiente luz se habría extinguido hace mucho, por su gran masa. Costaría encontrarla, porque hoy no sería más que una débil enana blanca.

Esta nueva investigación «es una defensa bastante convincente» de la hipótesis de que Sedna fue raptado, según el astrónomo Scott Kenyon, del Centro Smithsoniano de Astrofísica de Harvard. En cambio, el descubridor de Sedna, Mike Brown, del Instituto de Tecnología de California, mantiene que lo más probable es que naciese en el sistema solar y la fuerza gravitatoria de los hijos del Sol lo empujase hacia fuera, una situación más sencilla. El problema quizá no se podrá resolver hasta que no se hallen en los confines exteriores del sistema solar más objetos con órbitas extrañas. «Cuando tengamos alrededor de una docena, creo que podremos saberlo», dice Brown. Si el Sol hubiese robado estos objetos a la estrella Q, todos ellos tendrían que alcanzar su mayor proximidad a la Tierra al mismo lado del Sol. Pero si sus órbitas difiriesen, el Sol sería inocente del supuesto rapto.

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