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1 de Septiembre de 2015
Cronobiología

La iluminación artificial desajusta nuestro reloj biológico

Confunde el sistema circadiano y causa cronodisrupción, una pérdida de sincronía con el ciclo de luz natural asociada a numerosas enfermedades. ¿Cómo podría paliarse este efecto?

Unas jaulas especiales permiten monitorizar el comportamiento de los degús en función de la iluminación. Se hallan provistas de una rueda giratoria conectada a un ordenador que registra en todo momento la actividad locomotora del reodeor (cuando está despierto, suele correr casi todo el tiempo en la rueda), y se iluminan mediante un dispositivo de ledes monocromáticos que controla la intensidad, el espectro y la duración de la luz. [BEATRIZ BAÑO Y M.a ÁNGELES BONMATÍ, CRONOLAB]

El sistema circadiano es el encargado de generar y sincronizar todos los ritmos circadianos, es decir, los que presentan un período de 24 horas. Funciona como una orquesta en la que cada músico toca en un momento preciso. El director es el núcleo supraquiasmático (NSQ), una pequeña estructura del hipotálamo que opera a modo de reloj cerebral central. Los músicos se agrupan en una suerte de relojes periféricos, alojados en todos los tejidos y órganos (hígado, corazón, páncreas, etcétera); se hallan sincronizados por las señales que les envía el director a través de la melatonina, el cortisol, la temperatura corporal y el sistema nervioso vegetativo. La actividad de estos relojes controla todos los ritmos de nuestro cuerpo.

Cada neurona del NSQ y cada célula de los relojes periféricos posee una maquinaria molecular formada por los genes Bmal1, Clock, Per (Per1, Per2 y Per3) y Cry (Cry1 y Cry2) con capacidad para generar ritmos de unas 24 horas (circadianos) en su actividad, induciendo además la expresión rítmica del diez por ciento del resto del genoma (genes controlados por el reloj, o CCG, por sus siglas en inglés). Si se somete a un organismo a un aislamiento total, estos ritmos persisten con un período ligeramente superior a las 24 horas, lo que pone de manifiesto su carácter endógeno.

El director y los músicos siguen fielmente la «partitura» circadiana. El núcleo supraquiasmático ajusta constantemente su ritmo con la hora de la jornada y mantiene conexión directa con la retina, que le informa sobre la luminosidad del entorno. La luz llega al NSQ gracias a las células ganglionares retinianas, unas neuronas que producen un fotopigmento muy sensible a la luz azul (melanopsina) y que permiten una vía independiente de la visión consciente [véase «Un órgano oculto en los ojos», por Ignacio Provencio; Investigación y Ciencia, julio de 2011.] ¿Qué ocurre si la partitura se ve alterada?

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