Praderas de algas, el hogar de otras especies

Las macroalgas del litoral conforman un hábitat idóneo para numerosos animales, que encuentran en ellas un lugar para alimentarse y protegerse de los depredadores.

El fuerte caparazón de quítina permite a este anfípodo del género Parhyale resistir el rozamiento de los frondes del alga. [ALEX LORENTE]

Las praderas de algas de la zona litoral constituyen uno de los hábitats marinos más productivos. Las algas crecen constantemente gracias a su ubicación, caracterizada por una elevada radiación lumínica y un aporte constante de nutrientes procedentes tanto de la zona terrestre como de las corrientes marinas superficiales.

Para muchos animales, vivir en este ambiente dominado por algas resulta complicado, ya que no pueden ocupar el fondo marino con la misma eficacia y rapidez que estos vegetales. La única manera de poder subsistir en esta zona tan productiva y disponer del alimento transportado por las corrientes o derivado de la descomposición de las algas consiste en vivir entre las ramificaciones de sus talos. Pero para ello deben adaptarse a sobrevivir en un ambiente muy hidrodinámico en el que los talos de las algas se mueven sin cesar.

Los animales que mejor se han adaptado a este hábitat litoral son los anfípodos. Estos pequeños animales viven escondidos entre los talos de las algas, de donde salen para alimentarse de noche para evitar a los depredadores, sobre todo peces. Para no ser arrastrados por las corrientes, los anfípodos han desarrollado toda una serie de adaptaciones morfológicas, especialmente en sus patas, que les permiten engancharse al tejido de las algas con gran facilidad. Esta estrategia resulta esencial para poder permanecer en un hábitat que les confiere refugio y alimento en abundancia.

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