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  • Diciembre 2018Nº 507
Apuntes

Botánica

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Flora de alta montaña

Plantas tenaces adaptadas a la vida en el Everest.

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Las laderas superiores del monte Everest no son precisamente un lugar acogedor para la vida vegetal: la radiación ultravioleta incide con fuerza, la temperatura se desploma a diario por debajo del punto de congelación, y el suelo, pedregoso y helado, difícilmente puede ser calificado como fértil. Pero se acaban de descubrir tres nuevas especies capaces de sobrevivir en semejantes condiciones. Entre las plantas de alta montaña conocidas para la ciencia, estos especímenes (herborizados décadas atrás pero no estudiados hasta ahora) nos revelan adaptaciones únicas a la vida en el techo del mundo.

El 25 de mayo de 1952, una expedición suiza recolectó tres plantas en el Everest, a unos 6400metros de altura. (La cumbre, conquistada por primera vez al año siguiente, se alza a 8848 metros.) Los ejemplares desecados acabaron en un herbario de Ginebra, donde permanecieron olvidados hasta 2017, cuando Cédric Dentant, botánico del Parque Nacional de los Écrins, en los Alpes franceses, los redescubrió.

Dentant identificó varios rasgos de estas plantas diminutas (de escasos centímetros) que, con gran probabilidad, explicaban su capacidad para sobrevivir en tan hostil entorno, señalaba el octubre pasado en Alpine Botany. Una poseía tallos que se enterraban y la anclaban en el terreno inestable; otra mostraba una forma almohadillada que limitaba la pérdida de calor y agua; y dos de ellas, según las notas del equipo de alpinismo de 1952, crecían en hendiduras de las rocas iluminadas por el sol, por lo que permanecían más calientes que el gélido entorno.

La ciencia ha estado a punto de perder la ocasión de estudiar estas plantas de alta montaña, apunta Sonja Wipf, ecóloga de vegetación alpina en el Instituto de Nivología y Aludes (SLF, por sus siglas en alemán) del Instituto Federal Suizo de Bosques, Nieve y Paisaje (WSL, por sus siglas en alemán), en Davos. «Y no precisamente porque crezcan en cornisas inaccesibles, sino por haber permanecido “enterradas” en un herbario.»

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