Exploración del universo

Compete a los cosmólogos despejar el misterio del nacimiento de nuestro universo. También les incumbe demostrar o rechazar la existencia de otros mundos.

La exploración cósmica encumbró la ciencia y la técnica del siglo XX. Hasta los años veinte no se supo que la Vía Láctea, con sus cien mil millones de estrellas, era una galaxia más entre millones. Desde entonces se sucedieron los conocimientos empíricos sobre el universo. Podemos ahora situar el sistema solar entero en un contexto evolutivo general y remontar la historia de los átomos que lo constituyen hasta los instantes iniciales de la gran explosión. Si alguna vez descubriésemos inteligencias extraterrestres, compartiríamos con ellas —quizá sería lo único— un interés común por el cosmos del que habríamos nacido todos.

Gracias a la actual generación de observatorios terrestres y orbitales podemos asomarnos al pasado y ver pruebas manifiestas del decurso del universo. Las imágenes del Telescopio Espacial Hubble nos enseñan cómo eran las galaxias en tiempos remotos: bolas de encendido gas difuso punteadas por grandes estrellas azules en celerísima combustión. Estas transmutaron el hidrógeno primigenio de la gran explosión en átomos más pesados; cuando murieron, sembraron sus galaxias con los ladrillos básicos de los planetas y de la vida: carbono, oxígeno, hierro y demás elementos. No fue necesario pulsar 92 botones diferentes para construir todos los elementos de la tabla periódica presentes en la naturaleza. Las galaxias actúan como ecosistemas inmensos, engendran los elementos y reciclan el gas a lo largo de las sucesivas generaciones de estrellas. Nosotros somos polvo de estrellas, hechos de residuos nucleares del combustible que enciende las estrellas.

Se ha progresado en el conocimiento de la era pregaláctica gracias a la radiación de fondo de microondas, que, aunque poco, calienta incluso el espacio intergaláctico. Este rescoldo de la creación nos dice que el universo entero estuvo en un tiempo más caliente que el centro de las estrellas. Con los datos de los laboratorios se puede calcular cuánta fusión nuclear se produjo en los primeros minutos tras la gran explosión. Las proporciones predichas de hidrógeno, deuterio y helio concuerdan con las observaciones astronómicas y corroboran, pues, la teoría de la gran explosión.

Contenidos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.