Aire sediento

La atmósfera del Oeste estadounidense extrae cada vez más humedad del suelo, lo que favorece las sequías y los incendios.

El valle de los Monumentos, en Arizona. [JAMES O’NEIL/GETTY IMAGES]

En general, pensamos en la sequía como una mera escasez de lluvia y nieve. Sin embargo, la «demanda evaporativa» (término que describe la capacidad de la atmósfera para extraer la humedad del suelo) también es un factor relevante. Y un estudio publicado en Journal of Hydrometeorology revela que, desde hace 40 años, la atmósfera de buena parte de Estados Unidos tiene cada vez más sed.

Podemos considerar la demanda evaporativa como una especie de «coeficiente de secado de la colada», explica Stephanie McAfee, climatóloga del estado de Nevada que no participó en el trabajo. Cuando tendemos la ropa en el exterior, «sabemos que se secará mejor y más rápido si hace calor, sol y viento, y no hay humedad». Ese coeficiente no crece paulatinamente con el calentamiento del clima, sino que lo hace de forma exponencial, según Christine Albano, ecohidróloga del Instituto de Investigaciones del Desierto, en Reno, y primera autora del artículo. «Un aumento de temperatura de uno o dos grados incrementa mucho la demanda evaporativa.»

Para determinar cómo ha cambiado la sed atmosférica, Albano y sus colaboradores examinaron cinco series de datos que abarcaban desde 1980 hasta 2020 y que incluían factores como la temperatura, la velocidad del viento, la radiación solar y la humedad, todos los cuales contribuyen a la demanda evaporativa. Hallaron que los mayores aumentos de EE.UU. se habían producido en los estados del suroeste, mientras que, en el este, la humedad compensaba el efecto de la temperatura. En la región del río Grande, la atmósfera demandaba entre 135 y 235 milímetros más de agua por año en 2020 que en 1980, lo que supone un aumento de entre el 8 y el 15 por ciento. Esa agua se evaporó en vez de saciar los campos y llenar los acuíferos. (Un incremento del 10 por ciento significa que un mismo cultivo, gestionado de la misma forma, necesita ahora un 10 por ciento más de agua para ser igual de productivo que hace 40 años.)

Junto con las temperaturas más altas y la menor humedad, el estudio también subraya el aumento en la velocidad del viento y la radiación solar. En las regiones áridas, la humedad disminuye a medida que ascienden las temperaturas. Albano admite que aún no sabe a ciencia cierta por qué están cambiando la luz solar y el viento.

El aumento de la demanda evaporativa se suma a la histórica sequía que padece el Oeste estadounidense, con unas condiciones que no se habían dado en los últimos 1200 años. Ese aumento contribuyó a que, en la primavera de 2021, bajara menos agua de deshielo de la prevista en la cordillera de Sierra Nevada, señala Albano. La atmósfera más sedienta también secó los bosques de la región, lo que provocó mayores incendios forestales.

El trabajo muestra que los gestores de recursos «deben pensar detenidamente en cómo cerciorarnos de que controlamos la cantidad de agua que consumimos», señala Caroline Juang, científica de la Tierra de la Universidad de Columbia ajena al estudio.

«Diez centímetros de lluvia no dan para tanto como antes», concluye McAfee. «La atmósfera quiere dar sorbos más grandes.»

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