Constricción selectiva

Las serpientes constrictoras consiguen respirar mientras estrangulan a sus presas hasta la muerte.

Boa constrictor. [Paul Starosta/Getty Images] 

En el abrazo mortal que la boa o las serpientes estranguladoras en general dan a sus presas no solo queda oprimido el cuerpo de la víctima, sino también los pulmones del ofidio. Ahora un nuevo estudio revela la compleja técnica respiratoria a la que recurren estos notables reptiles para no sucumbir a la asfixia.

A diferencia de los mamíferos, que se sirven del diafragma para henchir la cavidad pulmonar, las serpientes accionan una serie de músculos repartidos por su larga caja torácica. El problema surge porque el estrangulamiento de un animal, que además se debate con todas sus fuerzas, limita el movimiento de los músculos respiratorios de la cazadora. Cómo sobrevive esta a la constricción era una incógnita sin resolver desde hacía tiempo.

Un equipo de investigación encabezado por John Capano, de la Universidad Brown, describe en el Journal of Experimental Biology que las boas constrictoras activan más músculos intercostales en las partes del tórax que no están empeñadas en cada momento. De ese modo pequeños tramos de los pulmones siguen funcionando como una bomba y succionan el aire a través de las zonas constreñidas para absorber tanto oxígeno como sea posible. «A menudo, las partes del pulmón que no están ventilando [por estar comprimidas] quedan prácticamente hundidas», explica Capano.

Con el fin de desentrañar el proceso, envolvieron ejemplares de boa con manguitos medidores de la presión arterial para impedir que expandieran ciertas partes del tórax y, a continuación, midieron el flujo respiratorio colocándoles pequeñas mascarillas en el hocico. Por desgracia, a las serpientes no les gustó nada la idea: «Uno de los mayores esfuerzos fue lograr que se habituaran a ellas».

Al fin pudieron ver cómo se sirven de la respiración selectiva para tomar aire pese a la presión ejercida por los manguitos. Los registros de la actividad eléctrica y las radiografías confirmaron que los impulsos nerviosos activan justamente los músculos de las zonas desembarazadas; ni siquiera intentan respirar con los tramos constreñidos de la caja torácica, solo accionan la musculatura intercostal que conserva la movilidad. Creen  que esa facultad debió surgir en el pasado remoto, pues les permitió engullir presas más grandes.

«Los experimentos biomecánicos del equipo demuestran grandes dotes de ingenio», opina Eletra de Souza, herpetóloga especialista en ofidios de la Universidad de São Paulo, ajena al estudio. «Siempre me han sorprendido las adaptaciones óseas y morfológicas de los ofidios. Asombra lo bien que se las apañan sin extremidades.» 

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