Cuando lo sostenible se torna insostenible

Decisiones localmente acertadas pueden resultar ecológicamente desastrosas si se aplican a escalas mayores.

Planta de paneles solares en Alemania. [ISTOCK: MARIUSZSZCZYGIEL]

«Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto.» Así comienza La metamorfosis, de Franz Kafka. Sin embargo, bajo la atenta mirada de un ingeniero de estructuras, el argumento cae por su propio peso. Literalmente. Es físicamente imposible agrandar un organismo y al mismo tiempo mantener sus proporciones. La explicación radica en que los volúmenes, superficies y longitudes están sometidos a la ley de escala. Así, al duplicar el lado de un cubo (L), no obtenemos otro cubo que ocupe el doble, sino uno ocho veces más voluminoso (V’) que el original (V= L·L·L = L3; V’= 2L·2L·2L = 8L3; V’=8V). Es decir, que un saltamontes de tamaño humano colapsaría bajo su peso, puesto que la sección de las patas que deberían sostenerlo no sería suficientemente amplia como para aguantar un volumen que habría crecido en mayor medida al aumentar de tamaño. Alíviense: no pueden existir los insectos gigantes, al menos con la apariencia en que los conocemos.

Este no es un fenómeno desconocido para los diseñadores de infraestructuras o artilugios (Leonardo Da Vinci observó que, para aumentar el tamaño de una máquina y mantener su funcionalidad, era necesario cambiar las proporciones). Tampoco para los biólogos, que han visto que en los seres vivos se produce una variación no proporcional de las dimensiones corporales (alometría). Sin embargo, en otros muchos ámbitos, como el de la planificación territorial, este «factor de escala» parece desconocido. El error más común consiste en pensar que algo que funciona a una determinada escala funcionará igual de bien si se propaga por todo el territorio sin cortapisa alguna. Veamos algunos ejemplos y sus consecuencias.

Es indudable que la agricultura de regadío permite alcanzar una productividad muy superior a la del secano. Más importante, si cabe, es la fiabilidad de las cosechas. ¿Significa ello que lo mejor sería convertir toda la superficie de secano en regadío? No, no es una buena idea. Por un lado, los recursos hídricos disponibles, sobre todo en zonas áridas, no podrían colmar esa demanda de agua. Cuando el regadío supera determinados umbrales aparecen los problemas de escasez, como ocurre en buena parte del Mediterráneo o California e, incluso, se llega al «fallo hídrico», como ha sucedido en Irán al agotar tanto sus recursos superficiales como subterráneos. Por otro lado, ese supuesto enriquecimiento, ligado a unos mayores rendimientos, se evapora, pues la oferta masiva de determinados productos hace que los precios se desplomen y las deudas se disparen.

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