La carrera por reciclar el dióxido de carbono

Distintas empresas se afanan por convertir el CO2 en productos útiles, aunque existen dudas sobre los beneficios climáticos de esta estrategia.

Celda electroquímica usada por la compañía californiana Twelve para convertir el CO2 en productos químicos y combustibles. [Twelve]

En síntesis

A medida que el planeta se calienta, surgen nuevas técnicas para reciclar el dióxido de carbono (CO2) y obtener productos químicos útiles, aunque no está claro si estas iniciativas suponen un verdadero beneficio climático.

Existe un debate en torno a la conveniencia de aprovechar el CO2 procedente de emisiones industriales frente a confinarlo en el subsuelo, un proceso más costoso pero con beneficios más evidentes.

La mejora de los procesos químicos y los incentivos a la retirada de carbono rebajan el coste de las nuevas técnicas y fomentan la conversión del CO2 en productos de consumo.

La ciudad de Tongyezhen lleva el carbón en la sangre. En esta zona de la provincia china de Henan, la gente lleva milenios extrayendo carbón y fundiendo metales. Hoy, Tongyezhen alberga un extenso parque industrial con enormes hornos que transforman el carbón y la piedra caliza en coque y cal, componentes clave en la producción del acero. No es de extrañar, por tanto, que sea una de las áreas más contaminadas de China.

No parece el lugar más indicado para encontrar un hito de la tecnología limpia. Sin embargo, una planta química local se convertirá este año en la mayor instalación del mundo de reciclaje de dióxido de carbono para producir combustible. En ella se combinará el CO2 procedente de un horno de cal con el hidrógeno y el CO2 liberados por un horno de coque a fin de obtener metanol, un compuesto industrial que se emplea como combustible y en la fabricación de plásticos. La empresa responsable, la islandesa Carbon Recycling International (CRI), calcula que en la planta de Tongyezhen se reciclarán unas 160.000 toneladas de CO2 al año (el equivalente a las emisiones de decenas de miles de automóviles), que de otro modo se verterían a la atmósfera.

Es una idea atractiva. Las emisiones industriales de CO2 provocan el calentamiento del clima, y muchos países se esfuerzan por capturar el gas y almacenarlo bajo tierra. Pero ¿por qué no reciclarlo para obtener productos que, además de limpios, sean rentables? Siempre y cuando el reciclaje no genere más emisiones de carbono (algo que puede lograrse haciendo uso de energías renovables o recursos sobrantes que ahora mismo no se aprovechan), podría reducir tanto la cantidad de CO2 que la industria inyecta en la atmósfera como la demanda de combustibles fósiles empleados en los procesos de fabricación. Para los defensores de esta propuesta, el clima saldría ganando por partida doble.

Ese tipo de reciclaje (en ocasiones denominado «suprarreciclaje») conforma un campo cada vez más popular, con grandes y pequeñas empresas que compiten por comercializar una abrumadora gama de productos obtenidos a partir del CO2. Algunos, como el vodka o los diamantes, son artículos selectos dirigidos a compradores concienciados con el clima, pero la mayoría resultan esenciales para la economía mundial: combustibles, materiales de construcción, polímeros y otros productos químicos. Más de 80 empresas están desarrollando nuevas for­mas de utilizar el CO2, según señala en un informe de 2021 la consultora Lux Research, con sede en Boston. El mercado de tales productos aún es modesto y no llega a los 1000 millones de dólares, pero Lux Research estima que alcanzará los 70.000 millones de dólares para 2030 y podría superar los 550.000 millones en 2040.

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