Parásitos amenazados

Los organismos parasitarios desempeñan un papel capital en la naturaleza. ¿Merecen algunos de ellos protección?

Primer plano de un trematodo hembra del género Schistosoma, un gusano parásito responsable en el ser humano de la esquistosomiasis. [David Scharf/Science Source]

En síntesis

Hasta hace poco existía un escaso conocimiento sobre los animales parásitos, más allá de los que dañan a los humanos, como las tenias o los anisakis.

Esta situación está empezando a cambiar, y cada vez hay más pruebas de que estos organismos desempeñan una función vital en los ecosistemas. Sin embargo, igual que las especies más conocidas, sufren la amenaza del cambio climático, la destrucción del hábitat o la contaminación.

Aunque la conservación de los parásitos no es fácil de defender, numerosos  científicos insisten en la importancia de protegerlos.

Estaba preparando la cena, fileteando un trozo de bacalao, cuando apareció una pequeña mancha rosada en la inmaculada carne blanca del pescado. Al retirarla con la punta del cuchillo, me di cuenta de que algo no andaba bien. Lo que parecía una vena hinchada empezó a desenrollarse adquiriendo una delgada forma del tamaño de mi dedo meñique que… ¡se movía! 

Como en una película de terror, observé, fascinada, cómo la criatura sinuosa se sacudía afligida, juzgué, por hallarse despojada de la protección de la carne del pescado. Antes de depositarla en el compostador, tomé unas cuantas fotos. Sabía exactamente a quién debía enviárselas para que me ayudara a identificarla: Chelsea Wood, ecóloga experta en parásitos de la Universidad de Washington —y, tal vez, la única persona en el mundo que escogería la palabra hermoso para describir a los gusanos hematófagos. 

La respuesta de Wood llegó a la mañana siguiente: un gusano de la familia Anisakidae, contestó, probablemente Anisakis simplex o Pseudoterranova decipiens, nematodos comunes cuya fase larvaria se desarrolla en los peces o calamares. Luego, Wood me felicitó: «¿Hay mejor manera de iniciar el nuevo año que toparse con un gusano vivito y coleando en tu bacalao fileteado?». 

Habida cuenta de que Wood no había obviado el dolor abdominal, los vómitos, la diarrea y las heces sanguinolentas que habría manifestado de haber logrado aquel gusano adherirse a mi esófago, estómago o intestino, la enhorabuena me pareció fuera de lugar. Con su talante entusiasta, me explicó por qué mi descubrimiento era una buena noticia: los hospedadores habituales de este parásito son ballenas, delfines, focas y leones marinos, animales situados en la parte alta de la red trófica. «La presencia de estos gusanos en el pescado es, de hecho, un indicio de la salud del ecosistema del que procede y de la existencia de una población cercana sana de mamíferos marinos», aclaró Wood. «¡Alégrate de este zigzagueante portador de buenas nuevas!»

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