Secretos de la saliva

Un tipo de célula cutánea de rana se halla también en la boca de los mamíferos.

Glándula salival humana. [JOSÉ LUIS CALVO MARTÍN Y JOSÉ ENRIQUE GARCÍA-MAURIÑO MUZQUIZ/ISTOCK]

El estudio en profundidad de las glándulas productoras de saliva de los mamíferos ha culminado hace poco con un descubrimiento sorprendente: la presencia de un tipo primitivo de célula que desde hace tiempo se consideraba exclusiva de los peces y los anfibios. Los hallazgos de este tipo no son nada habituales en la ciencia moderna, por lo que se cree que estas diminutas células podrían desempeñar muchas más funciones de las que se pensaba.

Los investigadores estaban intentando averiguar la identidad de la célula que fabrica cierta proteína implicada en el crecimiento y la reparación de las glándulas salivales. Por medio de una técnica denominada secuenciación del ARN de células individuales, aislaron células candidatas de unas glándulas de ratón y examinaron su función genética. Descubrieron así el gen de la proteína estimuladora del crecimiento de la glándula salival y, al mismo tiempo, que la célula productora era un ionocito, un tipo especializado que bombea partículas cargadas eléctricamente a través de las membranas. «Es una célula muy interesante», afirma Helen Makarenkova, investigadora de medicina molecular en el Instituto de Investigación Scripps y coautora del estudio publicado en Cell Reports con motivo del hallazgo.

Makarenkova afirma que «nunca se le ha prestado gran atención» al ionocito. Este tipo celular está bien documentado en la piel de los anfibios y los peces, donde contribuye a mantener el equilibrio de sales en el medio acuático. En 2018 supimos que contamos con una versión propia: investigadores de la Universidad Harvard descubrieron fortuitamente ionocitos en el epitelio pulmonar humano. Visto a posteriori, parece lógico que sean útiles en un tejido húmedo y permeable como ese, opina el biólogo de sistemas Allon M. Klein, miembro de aquel equipo pero ajeno a la investigación reciente. «La piel de la rana se parece mucho al epitelio de las vías respiratorias [humanas]», asegura.

Ahora plantean que los ionocitos de las glándulas salivales probablemente regulen el pH y la viscosidad de la saliva y segreguen el factor de crecimiento esencial para reparar la glándula. Aunque todavía no se los ha observado en las glándulas salivales humanas, el factor de crecimiento que producen sí ha sido aislado de nuestra saliva.

¿Por qué han pasado inadvertidos tanto tiempo los ionocitos de mamífero? Por una parte, hace solo una década que disponemos de la secuenciación del ARN de células individuales, que sigue siendo una técnica relativamente cara. Por la otra, son células escasas y pequeñas, con alrededor de un cuarto del tamaño del de la mayoría de las células de mamífero. «Si se comparan con los principales componentes del tejido, son muy poco abundantes», señala Klein. El experto especula que tal vez estén también presentes en otros tejidos de los mamíferos, como el epitelio intestinal.

El paso siguiente de Makarenkova será confirmar la existencia de estas células en las glándulas salivales humanas e investigar las posibilidades que ofrecen en el tratamiento de trastornos como la sequedad bucal en los casos motivados por la escasez o la alteración de las células. Le gustaría buscarlos en otros tejidos e investigar su función: «Los ionocitos podrían estar bastante extendidos».

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