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Medición de radiaciones en seres vivos

La dosimetría es una parte esencial de cualquier investigación sobre los posibles efectos biológicos de los campos electromagnéticos.

El desarrollo, tan espectacular, de la telefonía móvil ha inundado la sociedad en que vivimos de energía electromagnética. Aunque la influencia de la electricidad y de los campos electromagnéticos en los sistemas biológicos ya fue objeto de atención en el siglo XVIII por Luigi Galvani y en el siglo XIX por Jacques-Arsène d'Arsonval, es a partir de la segunda guerra mundial cuando realmente se inician los estudios rigurosos de la interacción entre los seres vivos y la energía electromagnética. Hoy constituyen una de las líneas de investigación científica más activas en todo el mundo. El interés por estos estudios se despertó con la alarma que, en el decenio de 1960, surgió entre los trabajadores especializados en sistemas de radar y comunicaciones. Luego, el principal impulso ha venido de la inquietud de la población por el daño potencial que los campos de radiofrecuencia (RF) a que nos exponen los terminales de telefonía móvil y las antenas de las estaciones base en los edificios ejerzan sobre la salud.

Cuando se habla de los posibles efectos biológicos causados por la exposición a una radiación electromagnética, se suelen distinguir tres clases: térmicos, atérmicos y no térmicos. Los tres términos son relativos y por consiguiente cuesta delimitar la zona en que se solapan. Los efectos térmicos ocurren cuando en el organismo se deposita la suficiente energía de radiofrecuencia como para que experimente un incremento de temperatura medible, por ejemplo de 0,1 ºC. Los efectos atérmicos se producen cuando se deposita la suficiente energía para que haya un incremento de temperatura en el objeto biológico, pero sin que, gracias a sus procesos termorreguladores, llegue a ser considerable. Finalmente, los efectos no térmicos son los que se dan cuando la energía depositada en el objeto biológico no tiende a producir aumento de temperatura, incluso prescindiendo de posibles mecanismos termorreguladores. Por un principio de precaución, se han establecido recomendaciones que imponen fuertes restricciones a los efectos térmicos de la exposición a una radiación de RF. Los criterios que se han seguido para establecer estas normas no han sido los mismos en todos los países. Así, en las naciones orientales los criterios se fundan en la respuesta del sistema nervioso central y en el comportamiento de los animales después de que se los exponga a campos de radiofrecuencia. Sin embargo, en Europa y Estados Unidos se han basado casi exclusivamente en los efectos térmicos que se producen en los seres humanos expuestos a radiofrecuencias. La diversidad de criterios hace necesario que se sigan investigando métodos más perfectos que relacionen los efectos observados en animales con los encontrados en personas. De igual modo, estas normas de seguridad se deben revisar y modificar a medida que se disponga de mayores datos sobre los efectos de los campos de radiofrecuencia en el cuerpo humano.

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