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El artículo de Christof Koch «¿Es mensurable la consciencia?» [Investigación y Ciencia, enero de 2018] presenta una técnica que pretende deducir si un paciente con lesiones cerebrales graves se halla consciente o no. Dicha técnica consiste en enviar pulsos magnéticos al cerebro, cuantificar su actividad eléctrica y generar una medida matemática de la capacidad de respuesta llamada «índice de complejidad de perturbación» (ICP).

El artículo resulta problemático en varios aspectos. Koch argumenta que determinados pacientes, a pesar de presentar daño cerebral y no responder, debían conservar algo parecido a la consciencia ya que su ICP superaba un umbral que los investigadores habían establecido en sujetos conscientes. Esa misma categoría incluía a personas en fase de sueño REM, a quienes la infografía que acompaña al artículo califica como «sin respuesta, conscientes». Sin embargo, si la consciencia se define como la capacidad para reconocer la realidad, toda equiparación entre una actividad neuronal y la consciencia debería requerir alguna prueba de que dicha actividad emerge como respuesta a un estímulo sensorial. Solo si aparecieran datos que demostrasen que los pacientes mencionados presentan un pronóstico mejor que el de otros sujetos comatosos podría el ICP usarse como un indicador útil para médicos y familias.

Por otro lado, Koch califica de manera completamente errónea la causa de la muerte de Terri Schiavo cuando afirma que esta fue «inducida médicamente». En realidad, Schiavo fue mantenida con vida durante años gracias a una intervención médica, y murió cuando dicha intervención se suspendió y su cuerpo siguió las consecuencias naturales que se derivan de un daño cerebral grave. Es decir, su muerte fue retrasada por el tratamiento médico, no causada por él.

David Herbert
Asociación Sutter de Médicos Independientes
Sacramento

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