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1 de Julio de 2018
Recursos naturales

¿Compensa la minería en aguas profundas?

Comienza la carrera por explotar —y proteger— el fondo oceánico.

Los nódulos de manganeso extraídos del fondo oceánico contienen metales valiosos. [BRETT STEVENS]

En síntesis

La demanda de ciertos minerales está mostrando un rápido crecimiento. A medida que se agotan los yacimientos terrestres más rentables, los países y las compañías podrían optar por la minería en aguas profundas.

El níquel, el cobre y el cobalto abundan en unos nódulos del tamaño de puños diseminados en el fondo oceánico, en ocasiones a más de 4000 metros de profundidad.

Las máquinas extraerían esos nódulos y dispersarían sedimentos por el fondo marino. Desde la superficie, los barcos verterían más sedimento en las aguas. Sin embargo, la minería terrestre también afecta al entorno.

La búsqueda de vías para minimizar las consecuencias podría llevar a una regulación sabia, siempre y cuando la investigación continúe al mismo ritmo que se desarrolla la industria.

Estamos a 50 kilómetros de las costas de San Diego, sobre mil metros de agua. A bordo del buque  oceanográfico Sally Ride, ocho contenedores del tamaño de un automóvil almacenan sedimentos del fondo del océano Pacífico. Esta mañana los mezclamos con agua marina en un tanque; después, durante una hora, los vertimos por la banda del barco con una gruesa manguera que penetraba 60 metros bajo la superficie del mar.

A lo largo de seis horas hemos observado la dispersión de un penacho de partículas que se hundía y alejaba, arrastrado por las corrientes oceánicas. Unos sensores colgados del barco medían la forma del penacho y la concentración del sedimento en la columna de agua mientras las señales se debilitaban.

Queríamos tomar datos sobre una cuestión acuciante: la minería en el fondo oceánico. A miles de metros bajo la superficie del mar se acumulan nódulos del tamaño de un puño que contienen minerales valiosos, en especial níquel, cobre y cobalto. Unos robots recolectores, del tamaño de cosechadoras, surcarían el fondo succionando la capa de sedimentos más superficial, donde se encuentran los nódulos, y levantando una nube de partículas. Bombearían los nódulos por unos gruesos tubos de varios kilómetros de longitud hasta unos barcos donde diariamente se separarían millones de densos nódulos metálicos y se verterían al mar los sedimentos restantes, que se hundirían formando un penacho. ¿Cómo afectaría todo ello a los seres vivos? Nuestro ensayo constituía un primer paso con el objetivo de obtener una respuesta parcial.

La demanda mundial de metales aumenta sin tregua. Algunas de las minas terrestres de las que se extraen minerales de elevada calidad se están agotando. Compañías como Global Sea Mineral Resources (GSR) y UK Seabed Resources se interesan por la minería en aguas profundas. Piensan que los costes serán menores que en la minería en tierra firme, sobre todo cuando en esta haya que explotar yacimientos con menas de ley más baja y más difíciles de extraer.

Algunos países que no cuentan con grandes recursos minerales en tierra, como Japón o Corea del Sur, quieren prospectar fondos marinos que albergan grandes yacimientos. En septiembre de 2017, la Corporación Nacional de Petróleo, Gas y Metales de Japón realizó uno de los primeros ensayos comerciales a gran escala. Un prototipo de excavadora extrajo toneladas de zinc y otros metales a 1600 metros de profundidad cerca de Okinawa, en aguas territoriales de Japón. Las pequeñas regiones y naciones insulares, como Tonga y las islas Cook, se plantean si deberían ofrecer derechos de minería dentro de sus aguas a inversores extranjeros. Y la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (AIFM), que regula la actividad comercial en aguas internacionales, ha concedido 28 permisos de prospección a instituciones de 20 países.

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