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  • Investigación y Ciencia
  • Julio 2018Nº 502
Libros

Reseña

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Iluminando el lado oscuro de la divulgación científica

Relatividad general y ondas gravitacionales sin metáforas engañosas.

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ILUMINANDO EL LADO OSCURO DEL UNIVERSO
AGUJEROS NEGROS, ONDAS GRAVITATORIAS Y OTRAS MELODÍAS DE EINSTEIN
Roberto Emparan
Ariel, 2018

La primera detección directa de ondas gravitatorias, en 2015, fue justamente aclamada —en medio de titulares sensacionalistas sobre las predicciones de Einstein y la «confirmación definitiva» de su teoría de la relatividad general— como uno de los hitos científicos de nuestra época. Se puede comparar a haber descubierto las ondas hertzianas (con sus múltiples manifestaciones, como los rayos X, gamma, láser o la radiación de microondas, por ejemplo) sin haber visto antes la luz. O, en un plano más místico, a la apertura de un «tercer ojo» que nos permite acceder a otro plano de la realidad. Como al ciego de nacimiento que de repente ve por primera vez, han empezado a llegarnos imágenes de cosas que aún no entendemos. Estamos asombrados, y ese asombro no hará más que crecer conforme vayamos reconociendo y descubriendo los fenómenos que generan esas imágenes.

Un evento de esta trascendencia demanda una explicación para el gran público que desbroce el hecho científico de toda la mitología que rodea a cualquier cuestión que tenga que ver con Einstein, Stephen Hawking o los agujeros negros. Sin embargo, y salvo excepciones, la divulgación científica en español es terreno de aficionados bienintencionados (blogueros, youtubers), cuya labor, positiva en general y a veces más que digna, carece a menudo de la solidez necesaria para abordar ciertos temas en profundidad y responder correctamente a las preguntas de los seguidores sin recurrir a simplificaciones que desvirtúan el contenido. Hay muy pocos libros escritos por auténticos expertos en la materia, y los que llegan al gran público son, en general, traducciones del inglés de cuya calidad podríamos hablar otro día.

El libro que nos ocupa está escrito por un gran experto en la gravedad. Y justo por eso, así como por su calidad y por lo oportuno de su publicación, es una rareza y una pequeña joya que, por un lado, va a satisfacer la curiosidad de una sociedad cada vez más educada, y, por otro, subraya la vitalidad —o resiliencia— y el nivel actual de nuestra ciencia malgré tout. Sobre la gravedad no es solo que hubiera pocos libros autóctonos, y menos aún escritos por expertos, sino que alguno de ellos (de un famoso catedrático cuyo nombre, incomprensiblemente, su universidad reivindica ahora) estaba incluso dedicado a explicar por qué la teoría de la relatividad era errónea, cayendo de lleno su autor en uno de los tipos de investigador fracasado clasificados por Ramón y Cajal.

Roberto Emparan, profesor de investigación ICREA en la Universidad de Barcelona y actualmente galardonado con una prestigiosa beca Advanced Grant del Consejo Europeo de Investigación, es uno de nuestros mayores expertos en gravedad. En líneas generales —es mucho y muy diverso lo que ha hecho— se puede decir que su trabajo se ha dirigido a entender los aspectos clásicos y cuánticos de la gravedad a partir de teorías formuladas en más de cuatro dimensiones espaciotemporales. Así, por ejemplo, ha trabajado en la interpretación microscópica de la entropía de Bekenstein-Hawking de ciertos agujeros negros utilizando la teoría de cuerdas; aunque quizás su resultado más conocido sea la construcción matemática, junto con Harvey Reall, de «anillos negros»: agujeros negros en cinco dimensiones con horizontes de sucesos con la topología de una rosquilla. Estos objetos violan varias de las propiedades de los agujeros negros en cuatro dimensiones (unicidad, topología) y su descubrimiento abrió las puertas a una comprensión más profunda de este tipo de objetos [véase «Anillos negros», por Roberto Emparan; Investigación y Ciencia, agosto de 2006].

Aunque el libro solo trata de los aspectos clásicos y más consolidados de la teoría de la relatividad general de Einstein, y a un nivel divulgativo muy logrado, el conocimiento casi íntimo del tema por parte del autor impregna todo el texto: la explicación y el uso de unidades geometrizadas para el tiempo y otras magnitudes; los ejemplos elegidos para ilustrar el concepto de simultaneidad y las deformaciones del espacio y del tiempo; los cálculos simples pero rigurosos de los suplementos, etcétera. Es un placer leer un libro que habla de algo asombroso e inspirador de forma sencilla y amena sin necesidad de hacer uso de exageraciones y metáforas engañosas (aunque mi gusto difiera de el del autor en cuanto a comparaciones musicales y poéticas).

La obra recorre en dos partes bien diferenciadas la historia de la formulación de la teoría general de la relatividad por Einstein y sus primeros éxitos y predicciones, y la del desarrollo de los detectores de ondas gravitatorias. Les sigue una línea del tiempo que se lee de corrido y que resume la historia que nos lleva al evento GW150914, la primera onda gravitatoria detectada, así como una serie de suplementos y referencias muy bien elegidas que permitirán al lector interesado ampliar su conocimiento.

En la primera parte seguimos los pasos del joven (y no tan joven) Einstein y descubrimos con él que era necesaria una nueva forma de entender la interacción gravitatoria. Esta historia, que es sin duda una de las aventuras intelectuales más apasionantes de la humanidad, es la excusa para presentarnos la relatividad general y sus conceptos fundamentales hasta llegar a sus predicciones más radicales: los agujeros negros, las ondas gravitatorias y el uso de la teoría para tratar, por primera vez de forma científica, el universo en su conjunto. Es imposible concluir esta parte sin rendirse al mito de Einstein, uno de los pocos hombres que, como subraya el autor, hizo de la observación de algo cotidiano la piedra angular de una nueva concepción del mundo.

La segunda parte, centrada en explicarnos cómo se han podido detectar las ondas gravitatorias predichas por la relatividad general, está también presentada de forma histórica. Entender la técnica empleada (interferometría) y otros detalles (la necesidad de más de un detector, la magnitud del efecto que se observa, conocer de antemano la «melodía» que se quiere reconocer, etcétera) nos lleva a recorrer ámbitos bastante diferentes de la física [véase «La observación de ondas gravitacionales con LIGO», por Alicia Sintes y Borja Sorazu; Investigación y Ciencia, febrero de 2017]. Si el libro está muy bien documentado en general, esta parte destaca en ese aspecto.

En resumen, se trata de una obra que deberían leer todos aquellos que deseen estar al tanto de los inicios de la revolución científica que, sin duda, va a seguir a la apertura de este nuevo «tercer ojo», y entenderlo de forma básica y amena a la vez que rigurosa. Y en esta ocasión no hace falta esperar a que se publique su traducción... salvo aquellos que no entiendan el español.

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