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  • Julio 2018Nº 502
Panorama

Metrología

La clave olvidada en el problema de la reproducibilidad

La crisis de reproducibilidad que atraviesan numerosas disciplinas se vería notablemente aliviada si los científicos de todas las áreas trabajasen junto con metrólogos.

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Imagine que es usted un legislador que necesita conocer la cantidad de carbono almacenada en las selvas de Sudamérica. Los datos sobre el terreno son escasos, por lo que, cuando descubre que acaban de publicarse dos mapas de biomasa superficial elaborados a partir del mismo conjunto de datos por satélite, piensa que es su día de suerte. Por desgracia, los mapas muestran una diferencia del 20 por ciento en las estimaciones de biomasa continental, con diferencias aún mayores a nivel local. ¿Puede confiar en alguno de ellos? ¿En cuál?

En los últimos años se ha vertido mucha tinta sobre la crisis de reproducibilidad que atraviesa la ciencia. En muy raras ocasiones se incentiva a los investigadores para que traten de repetir experimentos y, cuando lo hacen, con frecuencia los resultados no coinciden.

En este debate se ha prestado poca atención a la metrología, la ciencia de la medición. Los metrólogos nos dedicamos a fijar puntos de referencia acordados internacionalmente para que las medidas —ya se trate de longitud, masa, dosis de radiación o actividad genética— puedan compararse con un patrón de referencia dentro de unos márgenes de incertidumbre conocidos. También colaboramos con quienes se encargan de efectuar mediciones en aras de diseñar y difundir las mejores prácticas. Creemos necesario atender a estos estándares y procedimientos, así como al desarrollo de otros nuevos, a fin de ayudar a los investigadores a replicar sus resultados.

El ámbito académico actual, cada vez más multidisciplinar y cambiante, reúne a científicos de especialidades muy diversas que emplean todo tipo de técnicas y terminologías. Eso puede hacer que las mediciones no se validen de la manera adecuada. A menudo, entre los datos en bruto y el resultado final se interponen programas informáticos que procesan valores numéricos y combinan automáticamente conjuntos de datos. La cuantificación de la incertidumbre en el resultado final puede perderse en medio de tales manipulaciones. Por ello, es frecuente que los investigadores consideren todas esas herramientas como una «caja negra» que arroja respuestas en las que confiar, pero que a menudo dificultan intuir cuándo podrían ser incorrectas.

Un nuevo enfoque sobre la manera en que se recopilan, se registran y se analizan los datos podría ayudar a resolver el rompecabezas de la reproducibilidad. En el ejemplo de las selvas sudamericanas, las variaciones en la calibración de los instrumentos, la incertidumbre en los datos de referencia terrestres y las diferencias en los métodos de modelización generaron la divergencia en los resultados. Una investigación seria sobre cómo y por qué se producen estas discrepancias puede revelar errores sistemáticos o, al menos, cuantificar la incertidumbre en las mediciones. Sin un trabajo así, es imposible que dos mapas como los mencionados coincidan jamás.

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