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  • Investigación y Ciencia
  • Julio 2018Nº 502

Informe especial Enfermedades emergentes en un mundo cambiante

Medicina

La desigualdad de las vacunas

La misma actuación preventiva puede ser menos eficaz en los barrios pobres que en los ricos.

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A menudo se culpa a las carencias de los servicios sanitarios de la alta incidencia de enfermedades en los barrios marginales, pero no es la única razón por la que la salud es más precaria que en los barrios acomodados. Las enfermedades infecciosas pueden diferir en sus características biológicas básicas entre los vecindarios ricos y pobres, diferencias que van en detrimento de las vacunas destinadas contra ellas.

Varios especialistas hemos constatado esos efectos en el caso de la cardiopatía reumática en zonas desfavorecidas de Brasil. Desaparecida en la práctica en los países ricos, donde los antibióticos son asequibles, dicha enfermedad ocasiona problemas cardíacos importantes en los países menos prósperos, donde con frecuencia resulta mortal. La causa es la amigdalitis de repetición por estreptococos del grupo A (EGA). Cuando el sistema inmunitario ataca a esas bacterias, también reacciona contra ciertas proteínas de las células de las válvulas cardíacas, por su semejanza con las proteínas bacterianas.

Una vacuna evitaría esas infecciones, pero los EGA no son una diana fácil, puesto que se conocen más de 120 cepas y en unas simples anginas pueden concurrir varias. Cada cepa posee una versión distinta del gen que codifica la proteínaM, componente básico de la membrana externa bacteriana. En una vacuna experimental se incorporaron proteínas M de 26 cepas comunes, con el fin de garantizar la inmunización. Pero, cuando se examinó a pacientes afectados por EGA que no residían en Europa ni en EE.UU., la frecuencia de los 26 tipos resultó mínima o nula. Las cepas en cuestión eran habituales en los países ricos, donde se había elaborado la vacuna, pero constituían una rareza en otros lugares, por lo que esta resultaría menos eficaz.

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