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  • Investigación y Ciencia
  • Julio 2018Nº 502
Apuntes

Conservación

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La pesca con bombas

Una técnica que localiza la procedencia de disparos detecta una práctica de pesca devastadora.

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Los pescadores sin escrúpulos de muchas partes del globo arrojan explosivos al mar para recoger a manos llenas los peces aturdidos o muertos. Esta práctica, ilegal en numerosos países, destruye los arrecifes coralinos y causa estragos en la diversidad marina. Atrapar a los delincuentes en la inmensidad de la mar resulta casi imposible, pero un grupo de investigadores que trabaja en Malasia ha modificado sensores acústicos —destinados originalmente a localizar la procedencia de los disparos de armas de fuego en entornos urbanos— para que localicen con precisión las detonaciones marinas en un radio de decenas de metros.

El crecimiento de la población mundial y la demanda internacional de pescado empuja a los pescadores a aumentar sus capturas. La pesca con explosivos, que no solo se practica en Malasia, sino en Nicaragua, Tanzania y otros lugares, es un modo «brutalmente eficaz», asegura George Woodman, fundador de la organización conservacionista Teng Hoi, con sede en Hong Kong. La onda expansiva generada por la explosión revienta la vejiga natatoria de los peces, que quedan inmovilizados y afloran inermes a la superficie. La fabricación de los artefactos no entraña dificultades: basta con mezclar nitrato de amonio (un fertilizante corriente) con gasóleo en una botella vacía y cerrarla con un detonador y una mecha resistente al agua, explica Woodman.

Él y sus colaboradores detonaron 19 bombas en una bahía arrasada y virtualmente desprovista de vida en Sabah, estado del este de Malasia. Registraron los sonidos de las explosiones con sensores diseñados por ShotSpotter, una empresa de California que emplea una técnica similar para localizar la procedencia de disparos de armas en las ciudades. El equipo usó los datos cronometrados que registraron cuatro aparatos montados en muelles y dos instalados en embarcaciones para triangular las posiciones de 16 explosiones en un radio de 60 metros en unos 10 segundos. Asimismo, localizaron explosiones incontroladas provocadas por los pescadores locales y fotografiaron las barcas situadas en las cercanías de las mismas, según relataron el pasado marzo en Marine Pollution Bulletin.

Esas demostraciones —es la primera vez que se consigue localizar con precisión las explosiones de ese modo— son un paso importante para perseguir el delito, asegura el equipo, porque permite vincular la detonación con una embarcación en el espacio y el tiempo.

Pero la erradicación de la pesca con explosivos exigirá algo más que la persecución de los infractores, advierte Elizabeth Wood, bióloga marina que desempeña su labor en Sabah y que no ha formado parte del nuevo estudio. «Es esencial que las comunidades de pescadores locales reconozcan las ventajas inmediatas y a largo plazo de la pesca sostenible», asegura. Las autoridades malayas apuestan por una iniciativa que promueva la piscicultura, comenta Ming Yuk Pang, ministro adjunto de turismo, cultura y ambiente de Sabah y presidente del comité local contra la pesca con explosivos: «Queremos explicarles que hay mejores formas de ganarse la vida».

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