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  • Investigación y Ciencia
  • Julio 2018Nº 502
Apuntes

Biología sintética

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Misterio microbiano

Un microorganismo genomodificado aporta pistas sobre los orígenes de las arqueas y las bacterias.

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Según la teoría de la evolución, hace miles de millones de años el ancestro unicelular de todas las formas de vida terrestres se escindió en el linaje de las bacterias y el de las arqueobacterias. Ahora se ha modificado genéticamente un microbio que aúna rasgos de ambos dominios y que ofrece nuevas perspectivas sobre cómo pudo acaecer ese acontecimiento capital.

Las bacterias y las arqueobacterias son microorganismos unicelulares carentes de núcleo, pero dotados de una genética y bioquímica distintas. Por ejemplo, su membrana celular está compuesta por tipos distintos de moléculas grasas, o lípidos. Una hipótesis consolidada acerca de la separación de ambos dominios sostiene que la membrana del ancestro común contenía ambos lípidos, lo que la hacía inestable y quizás excesivamente permeable y, por ende, poco favorable desde el punto de vista evolutivo.

Microbiólogos holandeses decidieron poner a prueba esa idea recreando un microorganismo primitivo provisto de una membrana lipídica híbrida. Primero introdujeron los genes de los lípidos arqueanos en bacterias Escherichia coli y, a continuación, modificaron su metabolismo con el fin de fomentar la producción de las moléculas precursoras de tales lípidos. La cepa resultante de E. coli mostró una membrana celular que contenía hasta un 30 por ciento de lípidos arqueanos y un 70 por ciento de bacterianos, según comunicaron sus artífices el pasado abril en Proceedings of the National Academy of Sciences USA.

Para sorpresa del equipo, las nuevas células crecieron sin problemas y la membrana mixta permaneció estable. «Este hecho apunta a otras causas históricas sobre la separación de las arqueas y las bacterias», afirma Eugene Koonin, biólogo evolutivo y computacional de los Institutos Nacionales de Salud y encargado de editar el artículo antes de su publicación.

Uno de los autores del estudio, Arnold Driessen, de la Universidad de Groninga, aboga por una alternativa: tal vez no existiera un único ancestro común, «sino una amalgama de múltiples formas de vida». Otra hipótesis más extraña, afirma, es que el ancestro no poseyera membrana, sino que fuera una suerte de «masa líquida protegida por partículas de arcilla».

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