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  • Julio 2018Nº 502

Informe especial Enfermedades emergentes en un mundo cambiante

Epidemiología

Un sinfín de problemas

El programa que persigue detener la llegada de enfermedades mortales a Estados Unidos mediante la ayuda a otros países se enfrenta a importantes recortes.

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Cuando se declaró la epidemia de ébola en Liberia, Sierra Leona y Guinea, entre 2014 y 2016, la respuesta fue amplia, porque los países afectados carecían de los sistemas sanitarios necesarios para detener el virus. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC), junto con otras instituciones internacionales y nacionales, suministraron el material y la experiencia para acabar con la epidemia. Para que tales desastres no se repitieran, el Gobierno estadounidense reforzó su programa contra las enfermedades infecciosas como parte de una nueva iniciativa internacional: la Agenda de Seguridad Sanitaria Mundial (GHSA). El objetivo de muchas campañas internacionales es mejorar la respuesta ante una enfermedad concreta, pero la GHSA crea una infraestructura para controlar multitud de patógenos. Y aunque se centra en los países en desarrollo, la iniciativa favorece, de forma directa, a EE.UU., porque, si no se controlan, enfermedades como el ébola llegarán tarde o temprano a sus costas. Esta labor, organizada en gran parte por los CDC y la Agencia para el Desarrollo Internacional del mismo país, ha dado como fruto cientos de intervenciones que refuerzan la autonomía de los países para detectar, prevenir y tratar las infecciones peligrosas.

Pese al éxito, el presupuesto presentado el pasado invierno por el presidente Donald Trump ha recortado los fondos para la GHSA a 59 millones de dólares para el próximo año fiscal. Esto supone una reducción importante respecto a los 1000 millones que el Congreso aprobó para el sexenio de 2014-2019. Los CDC tendrán que cancelar numerosos programas de seguridad sanitaria en el extranjero si el Congreso —que en último término fija el nivel de gasto— no aumenta la asignación.

 

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