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1 de Marzo de 1999
Epidemiología

Desarme de los virus de la gripe

Pronto contaremos con medicinas que tratarán la gripe mediante la detención de la replicación vírica en los tejidos, fármacos que podrían desempeñar funciones preventivas.

No es raro que una cepa insólita de virus de la gripe comience a pasar, de repente, de un sujeto a otro. Por su propio carácter insólito, son contadas, si alguna, las personas que han desa­rro­llado inmunidad adquirida en exposiciones anteriores; hasta los vacu­nados carecen de defensas efectivas. Las vacunas contra la gripe protegen de variantes del virus que los expertos suponen que serán activas en una estación dada, pero no de otras variantes inesperadas. Al no encontrar nada que le ponga freno, la nueva cepa se disemina intacta, sembrando enfermedad y muerte por todo el planeta.

La peor pandemia (epidemia mundial) que se recuerda es la de 1918. Mató a más de veinte millones de personas, en algunos casos pocas horas después de manifestarse los primeros síntomas. Al desastre, desencadenado por el virus de la ''gripe española'', siguieron en 1957 una epidemia de ''gripe asiática'', la gripe de Hong Kong en 1968 y la ''gripe rusa'' en 1977. (Los nombres reflejan la impresión popular sobre los lugares donde se inició la pandemia, aunque ahora se sospeche que los cuatro episodios y, posiblemente, la mayoría de los demás se originaron en China.)

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