Patatas bravas

Para proteger a la patata comestible contra los insectos dañinos se trata de conferirle alguna de las virtudes de la silvestre, que simula una feromona que repele a los áfidos.

La patata comestible, Solanum tuberosum, es una hortaliza sensible a una gran variedad de insectos dañinos. La patata silvestre, Solanum berthaultii, se muestra en cambio resistente. Su éxito parece deberse a dos tipos de diminutos pelos glandulares que recubren el tallo y las hojas. Se creía que los insectos, en particular los áfidos, quedaban atrapados por los pelos y sus exudados pegajosos. Pero la estrategia antiáfidos de S. berthaultii ha resultado más compleja de lo que se presumía. En la estación experimental de Rothamsted, Inglaterra, se ha comprobado que uno de los tipos de pelo libera un carbohidrato y que éste es el componente principal de una feromona áfida. (Una feromona es una sustancia de tipo hormonal que, segregada por un animal, influye en los demás individuos de su especie.) Esta feromona concreta actúa de señal de alarma entre los áfidos. La planta, pues, suplanta químicamente a un áfido que recomendara a sus compañeros mantenerse alejados.

R. W. Gibson y J. A. Pickett descubrieron la falsa feromona sometiendo hojas de S. berthaultii a extracción por alcochol y analizando el extracto por cromatografía de gases y espectrometría de masas. De los distintos carbohidratos del extracto que no se hallaban en un extracto similar de hojas de patata comestible, uno resultó ser el (E)-beta-farneseno, la hormona de los áfidos. Su fuente se localizó en una gota pegajosa dispuesta en el ápice de los pelos de tipo B. Para demostrar que la sustancia era lo bastante volátil para influir en los áfidos que se aproximaran a la planta, Gibson y Pickett recogieron aire de encima de hojas intactas, lo pasaron por un disolvente (pentano) y midieron la cantidad de farneseno que había quedado retenido en el pentano. De 20 mililitros de aire recuperaron 50 nanogramos de la feromona, concentración suficiente para generar una respuesta de alarma.

El paso siguiente fue provocar la aparición de la respuesta. Introdujeron hojas de S. berthaultii en una jeringa e impulsaron aire hacia una colonia de áfidos ápteros (Myzus persicae) situada a un centímetro de distancia. Los áfidos se dispersaron según el mismo patrón de conducta que los que se habían expuesto a muestras auténticas de la feromona; el aire que se impulsaba con una jeringa vacía o con otra cargada de hojas de la patata comestible no desencadenaba una respuesta de ese tipo. Se dispuso a continuación una hoja de patata a un centímetro de los áfidos. La mayoría de ellos caminó directamente sobre la hoja si era de patata comestible. Cuando era de patata silvestre, sólo seis de 48 lo hicieron; los demás, o se giraban de espaldas a la hoja, manteniendo una distancia de uno a tres milímetros, o caminaban paralelos al borde de la hoja a una distancia similar. La conducta, pues, era comparable a la que seguían los áfidos frente a una planta tratada con (E)-beta-farneseno.

No es difícil, aseguran Gibson y Pickett, cruzar S. berthaultii con la patata de consumo. Algunos híbridos están dotados de abundantes pelos de tipo B. Si pudiera introducirse en S. tuberosum la capacidad de secretar la feromona, se protegerían las cosechas de patata frente a la lesión por suc­ción de los áfidos y frente a los virus que dispersan los insectos.

Puedes obtener el artículo en...

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.